Cuando le detectaron el cáncer tenía tres años. No le dio tiempo a jugar sin estar enfermo antes de que empezara el genocidio. Abdolah murió sin poder recordar un cuerpo sin dolor ni una vida sin miedo. La enfermedad y el genocidio llegaron a la vez y crecieron juntos. Mientras su cuerpo se llenaba de células enfermas, Gaza se llenaba de drones, de escombros, de muertos.
Historicidios30.10.25
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