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19.12.22

Goles contra el colonialismo: el fútbol por la libertad del Sáhara Occidental

  • Ricard Jiménez

En una hipérbole irremediable, previo al Mundial de Qatar, volvía a producirse la conjunción de dos factores que los expertos tratan de disociar, como agua y aceite: deporte y política. En un alarde de absoluta impunidad, cargada de intereses, la FIFA se arrimó a un régimen que pondría a prueba los valores de la grandes gerifaltes del fútbol, aquellos que el periodista Martín Caparrós, acertadamente, dijo que tienen un precio.

Para ello, Qatar utilizó a migrantes semi-esclavos para la construcción de los estadios, con un resultado de más de 6.500 personas fallecidas debido a las condiciones laborales. El país no llegaba a la fecha señalada de forma impune, puesto que el respeto a los Derechos Humanos no representa ni un ápice de relevancia en su agenda política. Los negocios energéticos e inmobiliarios lograron disipar la falsa preocupación por la situación de la mujer y de la comunidad LGTB. En Qatar, las mujeres no pueden negarse a tener relaciones sexuales con su maridos y si denuncian haber sufrido una violación, pueden ser castigadas con penas que van desde los 7 años de prisión hasta la muerte. Una persona homosexual, por el mero hecho de serlo, está incumpliendo la ley y se enfrenta a pasar 8 años entre rejas.

En Qatar, las mujeres no pueden negarse a tener relaciones sexuales con su maridos y si denuncian haber sufrido una violación, pueden ser castigadas con penas que van desde los 7 años de prisión hasta la muerte

Nada de esto es una anomalía o un error de cálculo. Cuando entrevistamos a Fonsi Loaiza en Tiempos Modernos afirmó que este Mundial refleja un sentido unívoco, puesto que la FIFA, "ya fue de la mano de Mussolini o Videla". De este modo, el periodista deportivo explicaba que "el fútbol es una organización del crímen para que los que están en el palco hagan sus negocios, blanquearlos y que la gente no se revele".

Y así ha sido…

En España, los tentáculos del régimen se expanden desde lo más intrínseco del sector empresarial, llegando a ser "el tercer fondo con más poder del IBEX 35", y en el sistema mediático. En las dos facciones Qatar concierne a nombres preponderantes como Jaume Roures, Javier Tebas, Florentino Pérez o Joan Laporta. El resto de Europa no queda indemne y ha estallado también con el "QatarGate", digno de una investigación que debería llegar hasta el tuétano de las máximas autoridades.

Pitido inicial, comienza a rodar el balón sobre el tapete verde y el griterío atronador de las gradas no acalla el debate, al que se le suman más y más temas. Cada partido representa y suscita una nueva narrativa política, colonialismo, expolios, injerencias, guerras…

Entre goles, faltas, penaltis, eliminaciones y tertulias sesudas en las que se especula, se vaticina y se manifiestan opiniones sobre el concepto de habilidad, Marruecos se convertía en una de las sorpresas futbolísticas, siendo la primera selección africana en llegar a la semifinal de un Mundial. Un hito deportivo que, sin embargo, no consigue acallar el zumbido de los mortíferos drones del reino alauita desplegados en el Sáhara Occidental tras la ruptura del alto al fuego con la RASD, ni la represión en lo que, tras la marcha verde, consideran sus provincias del sur. Sus rivales en el terreno de juego, como España, antiguo colonizador del Sáhara occidental; o Francia, uno de los máximos exponentes de la injerencia europea en África, tampoco pueden dar lecciones al respecto.

Después de la victoria contra el combinado español, los jugadores marroquíes colgaron un vídeo en las redes sociales donde se les puede ver cantando: "El Sáhara es nuestro; su río y su tierra son nuestros". Taleb Alisalem, saharaui y activista por la libertad del Sáhara, exponía en una entrevista para elDiario.es, que "Marruecos está utilizando el Mundial para blanquear la ocupación y sus acuerdos con Israel". Los Acuerdos de Abraham, auspiciados por Estados Unidos desde la administración Trump, han reportado el establecimiento de relaciones entre Rabat y Tel Aviv en materia económica y militar.

EL GRAN PARTIDO

Coincidiendo con la final del Mundial, entre Argentina y Francia, desde el movimiento saharaui se organizó el primer partido de su selección sub-21 contra el FC Atlètic Incresa de Molins de Rei, en Barcelona.

Coincidiendo con la final del Mundial, entre Argentina y Francia, desde el movimiento saharaui se organizó el primer partido de su selección sub-21 contra el FC Atlètic Incresa de Molins de Rei

Yahía Mulay nació en los campamentos de refugiados de Argelia y llegó a Cataluña con el programa Vacaciones en Paz. Hoy en día ejerce como enfermero, y además de integrar el cuerpo médico de la selección saharaui, trabaja para impulsar inciativas que generen unidad mediante el deporte. Cada fin de semana reúne a 20 jóvenes para, a través la práctica deportiva, crear conciencia sobre la lucha del pueblo saharaui. "También hacemos juegos de dispersión, pero al fin y al cabo es una forma de mantener esta unión", cuenta alegre e ilusionado.

Los jugadores de la selección sub21 del Sáhara Occidental / Ricard Jiménez

Khaled, uno de los futbolistas de la selección absoluta del Sáhara, que también disputó este año varios partidos en el País Vasco, asegura que estas iniciativas tienen un fuerte impacto entre las nuevas generaciones, para quienes es importante "encontrar espacios donde compartir su propia identidad y que el sentimiento de arraigo perviva en el futuro".

Más allá del resultado, cada disparo a puerta representa una bocanada de aire con una pretensión que no ha dejado de escucharse en las gradas y desde el campo, incluso desde la afición y jugadores del Atlètic Incresa, que gritan unidos: "¡Sáhara libre!".

Los jugadores de la selección sub 21 del Sáhara Occidental y los del FC Atlètic Incresa, en los instantes previos al partido / Ricard Jiménez

¡Gol! Said Salama manda el balón a la red para un 0-1 que no se movería ya del marcador. Y la felicidad seguía siendo de carácter pretérito, cargada de deseos y un futuro en el que puedan vencer a Marruecos, sin lamentar muertos ni vidas perdidas en los campamentos de refugiados.

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