El viaje hacia Sweida no es solo una cuestión de kilómetros, sino de permisos y también de dudas. Desde Damasco, la carretera avanza silenciosa, cada vez más vacía, y los checkpoints del nuevo gobierno sirio liderado por Ahmed Al Sharaa discurren uno tras otro. La mayoría de las casas aparecen atacadas, quemadas y sin rastro de vida humana. Todo el mundo ha huido. En esta carretera, dos meses atrás, hombres armados atacaron un autobús de pasajeros que regresaba a esta provincia del sur de Siria, habitada sobre todo por la minoría drusa, matando al menos a dos de ellos.
Tras cerca de una hora de espera en el último checkpoint, logramos entrar en Sweida con la condición de ser escoltados por miembros del equipo de prensa de las autoridades drusas. En la provincia, habitada por unas 500.000 personas, hay restos de coches y casas quemadas, simbología drusa y retratos de Hikmat Al Hijr, el líder espiritual de esta comunidad. Lo que no se aprecia, a diferencia de lo que sucede en el resto del país, son banderas sirias. La primera impresión ya da cuenta de que aquí no gobierna el mismo poder que en Damasco.

El tránsito de hombres armados caminando por las calles es constante. "Todos tenemos armas porque el peligro está a solo dos kilómetros de distancia", relata Bahaa, fotógrafo y traductor local de Sweida. "Antes de ayer cayó un mortero, y también nos atacan con drones", dice, mientras pone el paisaje desolado en contexto. "La mayoría de los ataques se hicieron con mezclas químicas, lo que hace que la reparación de las casas quemadas sea aún más difícil", asegura.
A mediados de julio de 2025, la provincia de Sweida vivió sus enfrentamientos más graves desde el inicio de la guerra siria. Los combates comenzaron entre milicias drusas y grupos beduinos, y se intensificaron con la intervención de las fuerzas del nuevo régimen sirio, surgido de los islamistas HTS (Organización para la Liberación del Levante). Se documentaron incendios, saqueos y ejecuciones, y miles de personas se desplazaron hacia la capital provincial, donde edificios públicos se convirtieron en refugios improvisados. El Ministerio del Interior reconoció al menos 30 muertos y cerca de 100 heridos en los primeros días, aunque organizaciones independientes de monitoreo elevaron considerablemente la cifra y señalaron que el número total de víctimas podría ascender a varios centenares.
Analistas especializados aseguran que las fuerzas gubernamentales actuaron en apoyo a las milicias beduinas, circunstancia que agravó la violencia sectaria y reforzó la percepción de que Damasco no actúa como un mediador neutral, sino como parte activa del conflicto.
EL EDIFICIO GUBERNAMENTAL QUE AHORA SIRVE DE REFUGIO
Los desplazados que dejaron los ataques todavía no han podido regresar a sus casas y residen en asentamientos improvisados, mientras esperan que mejore la seguridad en sus hogares. Ejemplo de ello es un edificio gubernamental que debía servir como tribunal administrativo y que quedó a medio construir con la caída del régimen de Bashar Al Asad en diciembre de 2024. Sweida, que durante años mantuvo una relación ambigua pero funcional con Damasco, vio paralizadas varias infraestructuras estatales cuando el equilibrio político cambió.
Ropa tendida en los pasillos, colchones en el suelo, niños jugando mientras los más mayores cocinan, una peluquería improvisada en un rincón… El edificio alberga a 800 familias procedentes de 35 pueblos que quedaron vacíos tras los combates y es ahora el microcosmos de una aldea improvisada, mientras todos comparten el mismo sueño: regresar a sus hogares tan pronto como sea seguro.

"Fue como correr alejándonos de la muerte", cuenta Mansour Braek, habitante de un pueblo situado a 13 kilómetros de la ciudad. La tarde del 13 de julio, explica, comenzaron allí los enfrentamientos. Sus tres hijos y otros cuatro hombres intentaron defender el pueblo con armas de caza frente a combatientes que utilizaban morteros y armamento pesado, pero cuando se quedaron sin munición comprendieron que no había forma de resistir. Diez personas murieron en su localidad, de apenas 400 habitantes. Él y su familia huyeron mientras las casas ardían "delante de nuestros ojos", cuenta ahora, sentado en una de las oficinas del tribunal que les sirve de dormitorio.
Mansour culpa al nuevo gobierno islamista de la escalada del conflicto que han sufrido con los beduinos. "El gobierno actual llegó y resultó estar actuando como un país incivilizado, con una mentalidad infiel, humillante y religiosa. Quieren ocupar el lugar de Dios, castigar a la gente. Dicen: 'Este es un infiel druso, un infiel alauita o un cristiano infiel. Deberían matarlo'. O te obligan a seguir la mentalidad de la Sunna, porque creen que es la única religión verdadera", asegura Mansour, enfadado. "Cuando se trata de la cuestión de los beduinos y el conflicto con los drusos, todo se remonta a la oportunidad que les ha dado el Estado, el mismo Estado que los empujó hacia la ideología extremista", prosigue.
Mansour culpa al nuevo gobierno islamista de la escalada del conflicto que han sufrido con los beduinos. "El gobierno actual llegó y resultó estar actuando como un país incivilizado, con una mentalidad infiel, humillante y religiosa. Quieren ocupar el lugar de Dios, castigar a la gente. Dicen: 'Este es un infiel druso, un infiel alauita o un cristiano infiel. Deberían matarlo"
EN EL CUARTEL GENERAL DEL NUEVO EJÉRCITO DRUSO
El cuartel general del nuevo Ejército druso ocupa lo que antes fue una instalación militar del régimen. Los soldados —varios de ellos antiguos integrantes del ejército de Al Asad, antes de la caída del régimen— reciben a la prensa con cortesía: ofrecen dulces, insignias del nuevo ejército y buenas palabras, en su búsqueda de reconocimiento.
Talal Amer, portavoz y jefe de Información y Apoyo Psicológico de la Guardia Nacional, explica el origen de este cuerpo armado de reciente creación. "Necesitamos protegernos a nosotros mismos y crear un Estado independiente", asegura. "No estamos dispuestos a repetir esta experiencia con las milicias terroristas, en una sociedad donde el extremismo crece mucho, y por eso te puedo asegurar que el deseo de la gente de las montañas de Pashan es ejercer el derecho de autodeterminación".

Las cifras que manejan son ambiciosas. Aseguran haber recibido entre 88.000 y 89.000 solicitudes para alistarse, aunque el cuerpo activo ronda actualmente los 3.000 miembros, según el mismo ejército. No esconden el apoyo que reciben de Israel. "Nadie puede negar el rol grande y fuerte que juega Israel en la región, manteniéndose al lado de la gente de las montañas del Pashan en su guerra existencial. Han dirigido ataques contra vehículos pesados y nos han ayudado a derrotar a las milicias en muchas áreas. Esperamos coordinarnos más en el futuro con el objetivo de conseguir la estabilidad en la región, al lado de las fuerzas de Israel", asegura.
Los integrantes del nuevo ejército tienen ganas de hablar, pero el tiempo se agota. El checkpoint de regreso a Damasco cierra al mediodía. En el camino de vuelta, los controles en la carretera son menos estrictos y el paisaje va perdiendo la intensidad de la batalla sufrida en la región —menos viviendas quemadas, más tránsito en la carretera— a medida que el coche se acerca a Damasco.
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