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23.11.25

Un crimen, una filtración y la decadencia moral de Israel

  • Ori Goldberg

La atención pública judía-israelí está focalizada en un escándalo desatado tras la filtración de un video que muestra a guardias de una prisión israelí violando a un cautivo palestino en el centro de detención de Sde Teiman el año pasado. Pero, como ocurre tan a menudo en el Israel actual, la indignación no se ha centrado en la atrocidad en sí, sino en la filtración que la sacó a la luz.

En el ojo del huracán está Yifat Tomer-Yerushalmi, la Abogada Militar General y máxima responsable legal del ejército. La semana pasada, tras anunciarse una investigación oficial sobre la filtración, fue suspendida de su cargo. Dos días después presentó su dimisión y admitió por escrito haber participado personalmente en la entrega del video a los medios de comunicación. El clip salió a la luz en agosto de 2024, difundido por Guy Peleg, periodista de Canal 12, el noticiero más visto de Israel. Se cree que fue Tomer-Yerushalmi quien se lo hizo llegar. Más tarde, siendo ella misma la encargada de investigar la filtración, habría mentido para ocultar su implicación.

Yifat Tomer-Yerushalmi, ex abogada militar del ejército de Israel / Yonatan Sindel

El caso dio un extraño giro hace unas semanas, cuando la abogada desapareció durante varias horas. Su coche apareció abandonado en el norte de Tel Aviv, lo que desató rumores de un intento de suicidio. Finalmente apareció esa misma noche y el 7 de noviembre fue detenida bajo arresto domiciliario. Desde entonces, el devenir de Tomer-Yerushalmi ha monopolizado los titulares en Israel. Entre rumores histriónicos de una supuesta "toma" antisemita de Nueva York, el caso ha eclipsado casi por completo cualquier conversación sobre Gaza, donde —pese a la ocupación y los bombardeos intermitentes— la atención pública se ha desvanecido ahora que "la guerra" se da por terminada.

Mientras Hamas vuelve a afianzar su poder en el 42 % de Gaza que permanece fuera del control militar israelí, y con los pocos rehenes que sobrevivieron ya de regreso, la sociedad israelí parece haber vuelto a su burbuja de autoabsorción. Para muchos israelíes, el genocidio palidece frente al único debate que consideran realmente vital: la lucha interna por el "corazón y alma" del Estado judío.

Para muchos israelíes, el genocidio palidece frente al único debate que consideran realmente vital: la lucha interna por el "corazón y alma" del Estado judío

DOS NARRATIVAS, UN MISMO PUNTO CIEGO

Durante dos años, Tomer-Yerushalmi —responsable de todas las investigaciones internas del ejército— se abstuvo casi por completo de revisar las numerosas y documentadas denuncias contra los soldados. Sin embargo, el crimen de Sde Teiman, captado de forma tan brutal en el video filtrado, era demasiado flagrante como para que las autoridades pudieran ignorarlo: se presentaron cargos.

Pero cuando la policía militar llegó al centro para detener a los sospechosos, se encontró con una turba de activistas de derechas y soldados que intentaban impedir los arrestos. Entre ellos había incluso miembros de la Knéset protegidos por su inmunidad parlamentaria. Sostenían que los guardias no habían hecho nada malo: que todo formaba parte del "esfuerzo bélico" israelí.

Cuando la policía militar llegó al centro para detener a los sospechosos, se encontró con una turba de activistas de derechas y soldados que intentaban impedir los arrestos. Entre ellos había incluso miembros de la Knéset protegidos por su inmunidad parlamentaria

La filtración del video por parte de Tomer-Yerushalmi hizo que las imágenes se difundieran rápidamente. Las protestas de apoyo a los agresores crecieron entre los sectores más derechístas. Y aunque, desde fuera, el mundo reaccionó con horror ante lo que muchos describieron como "protestas por el derecho a violar", dentro de Israel la conversación se apagó en cuestión de días, reemplazada por titulares sobre supuestos avances militares en Gaza. El caso quedó prácticamente en el olvido hasta que, la semana pasada, se anunció la investigación sobre la filtración.

Activistas de extrema derecha protestan por la detención de los soldados que violaron a un prisionero palestino / Dudu Greenspan

Las reacciones dentro de Israel se han dividido en dos grandes bloques. La derecha lo ha interpretado a través de un prisma conspirativo que domina sectores trumpistas en Estados Unidos: Tomer-Yerushalmi forma parte del "Estado profundo" israelí, una élite izquierdista dispuesta a manipular o incluso falsificar el video para dañar al país e imponer "valores woke". En esa narrativa, el objetivo último de ese supuesto "Estado profundo" sería destruir la identidad judía del país, presentando a Israel como inmoral ante el mundo. La filtración sería, por tanto, parte de una campaña orquestada.

En el extremo opuesto, los sectores liberales —los mismos que llevan más de un año movilizados contra Netanyahu y su reforma judicial— culpan directamente al primer ministro. Aseguran que él y sus aliados han secuestrado el país, que la respuesta del gobierno al ataque del 7 de octubre fue escandalosa y que la filtración fue un acto necesario para preservar la democracia israelí. Para ellos, Tomer-Yerushalmi mintió, sí, pero lo hizo para evitar que Netanyahu enterrara el caso y dejara libres a los violadores.

"Ella fue llevada al borde del suicidio, y con ella, todo lo que representa —la ley y la justicia en Israel— quedó en riesgo", escribió Dror Burstein en Haaretz. "En un lugar donde el mal y la mentira se vuelven norma, ya no queda espacio para la verdad ni para la justicia".

EL GRAN AUSENTE: EL GENOCIDIO

En ambas narrativas hay un silencio ensordecedor: el genocidio. Para la derecha, Israel no solo no lo comete, sino que estuvo a punto de sufrirlo el 7 de octubre. Según esa lógica, en tiempos de guerra todo está permitido, incluido maltratar a los detenidos. Para los liberales, tampoco hay genocidio. La oficina de Tomer-Yerushalmi ha brindado durante dos años cobertura legal casi ilimitada a la campaña militar en Gaza, pero ese detalle apenas se menciona. La guerra —afirman— era inevitable, necesaria, y no puede calificarse como genocidio.

En este punto, la mayoría de la sociedad israelí coincide. La destrucción de Gaza se percibe como indispensable. La autodefensa no tiene límites; todo lo que se haga bajo ese término se considera legítimo, desde bombardear Líbano y Siria hasta romper a diario el alto el fuego. Si no pueden decidir cuándo están amenazados —argumentan—, ¿cómo podrían sentirse seguros?

En este punto, la mayoría de la sociedad israelí coincide. La destrucción de Gaza se percibe como indispensable. La autodefensa no tiene límites; todo lo que se haga bajo ese término se considera legítimo, desde bombardear Líbano y Siria hasta romper a diario el alto el fuego

EL ABISMO DEVUELVE LA MIRADA

En realidad, el escándalo revela algo más profundo: cómo la moral se erosiona en una sociedad que normaliza la violencia extrema. Los guardias de Sde Teiman abusaron de un prisionero palestino porque tenían un poder absoluto sobre él, un poder que ejercieron sin obstáculos.

Los acusados de la violación posan junto a su abogado / Yonatan Sindel

Tomer-Yerushalmi supo de la existencia del video y, más que indignación, sintió preocupación por la seguridad de su equipo en la Abogacía Militar. Ante el temor a una cacería de la derecha, filtró el material para que no pudiera ser desacreditado.

Durante dos años tuvo oportunidades de investigar otros crímenes de guerra cometidos por soldados israelíes, aunque fuera solo para proteger la narrativa ante la Corte Penal Internacional de que Israel "se investiga a sí mismo". Nunca lo hizo.

*Este artículo fue publicado originariamente en 972 Magazine

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