Estamos muy acostumbrados a que las historias de supervivencia en una sociedad post-apocalíptica nos presenten una visión pesimista de la especie humana en línea con el pensamiento del filósofo Thomas Hobbes. Sí, el autor de la desafortunada frase "el hombre es un lobo para el hombre". Son relatos que se empeñan en demostrar la validez de dicha máxima, que insisten en lo crueles que podemos llegar a ser los humanos si las circunstancias nos lo permiten y requieren. Sus tramas se guían por el principio de "mira qué atrocidades serías capaz de hacer para salvar tu vida". Su objetivo parece ser naturalizar el individualismo imperante en la cultura de las sociedades capitalistas, demostrar que la actual forma hegemónica de organización social responde a nuestra naturaleza egoísta y que es la que mejor se adapta a ella. Y por encima de todo parecen querer convencernos de que la mejor estrategia de supervivencia es la misma lógica de competencia por la acumulación de recursos y medios de producción que rige el capitalismo, que sólo nos protegerá no fiarnos de nadie y luchar todos contra todos, que debemos escoger entre nosotros y los otros. En definitiva, nos transmiten que a la hora de la verdad no podemos salvarnos todos, así que debemos dejar a los débiles atrás, a los que no pueden cuidar de sí mismos y dependen de los demás para sobrevivir, porque son un lastre para la supervivencia de la mayoría.
Y no es que se lo hayan inventado, es lo que supuestamente nos dice la ciencia desde Darwin, que la naturaleza selecciona a los individuos con las mejores características para adaptarse a la hostilidad del ambiente y descarta a los menos resistentes, y que el mecanismo básico de la evolución de las especies es la competición entre sus miembros. Sin embargo, recientemente se han estrenado dos series que desafían la tradición del relato postapocalíptico, que se han atrevido a mostrar la cooperación y el altruismo como vías alternativas y viables de supervivencia de la raza humana ante desastres globales y a dibujar un retrato de los humanos más inclinado a la interdependencia entre ellos que a la tan endiosada autosuficiencia. Se trata de 'The Last of Us', la aclamada adaptación emitida en HBO del videojuego homónimo, y de 'El Eternauta', otra exitosa adaptación, esta vez de Netflix, del clásico cómic también del mismo nombre, del autor argentino Héctor Germán Oesterheld.
Recientemente se han estrenado dos series que desafían la tradición del relato postapocalíptico, que se han atrevido a mostrar la cooperación y el altruismo como vías alternativas y viables de supervivencia de la raza humana ante desastres globales
COMUNISMO O BARBARIE
'The Last of Us' comienza en su primera temporada contándonos la historia de Joel Miller, un padre de familia corriente que trabajaba como contratista de obras públicas cuya vida se ve interrumpida por una pandemia mundial que convierte a los humanos en "zombis" por una mutación en el hongo Cordyceps, que debido a la subida de la temperatura planetaria logra anidar en el cerebro de los seres humanos y colonizar sus cuerpos. Tras perder a su hija adolescente en el caos inicial de la infección, el protagonista interpretado por el actor de moda Pedro Pascal acaba convirtiéndose en un cínico mercenario de los que siempre dispara antes de preguntar. Es tanto por su puntería como por su imperturbabilidad ante los infectados por lo que el grupo de resistencia armada conocido como "Los Luciérnagas" le hace el encargo de proteger a la única persona inmune a la invasión fúngica y acompañarla hasta un lugar seguro en el que un doctor podrá intentar crear a partir de su sangre una vacuna que frene la epidemia y salve a la humanidad. Esa persona es Ellie, una niña de edad similar a su hija. Por ello la relación entre ambos irá despertando la humanidad enterrada en lo más profundo de Joel, sus capacidades de ternura y compasión adormecidas por años y años de desuso. El camino que recorren juntos cruzando Estados Unidos hasta el hospital de Salt Lake City donde el grupo de insurgentes ha establecido su base; es ante todo un viaje emocional y de introspección que analiza en profundidad cómo es en realidad el comportamiento humano en situación de peligro de muerte inminente y de lucha extrema por la supervivencia. Los afectos siguen brotando y son más poderosos que los recelos.
No estamos ante un guion ingenuo ni moralista, por supuesto que hay violencia y corrupción en un mundo asolado por una infección hasta el momento incurable, empezando por la férrea dictadura militar que pugna por controlar todo el territorio del país norteamericano bajo las siglas de FEDRA, Agencia Federal de Respuesta al Desastre. Pero también surgen comunidades que no comulgan con el egoísmo del "sálvese quien pueda" ni con la ley del más fuerte. Además de la milicia revolucionaria de "Los Luciérnagas" que se organiza colectivamente para frenar el autoritarismo de FEDRA y encontrar la cura contra el Cordyceps, surgen comunidades basadas en la colectivización de los recursos y el trabajo cooperativo, como la comuna de Jackson en la que vive el hermano de Joel. Su modelo de organización es puramente comunista, son un soviet en la teoría y en la práctica porque han abolido la propiedad privada y socializado los medios de producción y todos los trabajadores deciden democráticamente qué se produce y cómo se reparten las tareas. Y esto no lo digo yo, lo explican así los propios personajes de la serie. Son diálogos extraídos de su guion aunque resulte sorprendente en un producto audiovisual "made in USA".

De todas las sociedades que surgen tras el colapso de la civilización tal como la conocíamos y que la serie nos va mostrando capítulo a capítulo, desde diferentes asentamientos de guerrilleros contra el régimen de FEDRA hasta varias sectas tan religiosas como sanguinarias que llegan a recurrir a la carne humana para alimentarse o aficionadas a colgar y destripar a los herejes; el poblado comunista de Jackson es el único en el que se recupera un nivel y estilo de vida similar al previo a la catástrofe mundial. Es el único lugar seguro y pacífico, donde sólo se recurre a la violencia en defensa propia y en el que se acoge a los forasteros no como refugiados temporales sino como ciudadanos de pleno derecho, compartiendo con ellos su alimento, sus hogares, todas sus comodidades. Cuentan con ganado e invernaderos, es decir, producen su propia comida en lugar de saquear a viajeros o cazar en los bosques y apuestan por la sostenibilidad, priorizando el reciclaje y la minimización de los residuos (icónica y polémica copa menstrual que le entregan a Ellie cuando llega allí con Joel) sin renunciar a la tecnología, pues obtienen la energía de una antigua central hidroeléctrica y se comunican por radio y walkie-talkies. Es decir, no se lanzan a la nostalgia tecnofóbica y primitivista como otros grupos que se nos muestran (como los "Scars" o "Serafitas") sino que quieren mantener los avances técnicos logrados del ser humano aunque usarlos de forma más justa, equitativa y ecológica.
De todas las sociedades que surgen tras el colapso de la civilización [...] el poblado comunista de Jackson es el único en el que se recupera un nivel y estilo de vida similar al previo a la catástrofe mundial. Es el único lugar seguro y pacífico, donde sólo se recurre a la violencia en defensa propia y en el que se acoge a los forasteros no como refugiados temporales sino como ciudadanos de pleno derecho
La comuna de Jackson se gobierna mediante la democracia directa y participativa a través de un consejo elegido por sus habitantes que vota sus decisiones a mano alzada tras escuchar las opiniones de todo aquel que quiera darla. Allí todos colaboran en las patrullas de vigilancia y mantenimiento, pero también todos tienen derecho al descanso y al ocio por igual, se proyectan películas, se celebran fiestas. No importa sólo la mera supervivencia, sino la calidad de vida: la cultura, el arte, las relaciones sociales y los vínculos sentimentales vuelven a tener un lugar destacado en la cotidianeidad de la gente. La forma de vida es parecida a la anterior pero no igual porque ya no existe el trabajo asalariado en empresas privadas ni la competencia mercantil. La vida sin capitalismo no sólo es posible, sino deseable. Fuera de ese oasis comunitario reinan el odio, el miedo, la venganza, la tortura, los asaltos y las ejecuciones, en definitiva, la barbarie.
En la segunda temporada que acaba de cerrarse ya no es Joel el centro de la acción, sino la joven Ellie que ya no es una niña desamparada sino una adolescente desafiante y decidida. La serie tiene el firme propósito de ponernos en el lugar de los demás y enseñarnos el mundo a través de sus ojos, siguiendo el planteamiento del propio videojuego, que se puede jugar entero siendo un personaje u otro. La primera temporada la jugamos y vivimos como Joel y la segunda como Ellie (y la tercera temporada todo apunta a que se jugará y vivirá como Abby, el tercer personaje en discordia). De este modo nos permite entender las motivaciones que llevan a cada uno a tomar sus decisiones, aunque acaben resultando equivocadas y trayéndoles consecuencias negativas. Tanto Joel como Ellie llegan a caer en violencia gratuita o en ansias de venganza, pero siempre pagan las consecuencias de olvidarse del bien común y de poner por delante de él sus objetivos personales. Y a pesar de los muchos errores que cometen, el guión no nos deja perder de vista su lado humano, que estamos ante buenas personas a las que se las ha adoctrinado para ser capaces de hacer las peores cosas en nombre de su supervivencia, pero que a pesar de ello siguen siendo capaces de arriesgar su vida para salvar la de otros. El motor de esta historia es siempre el amor, los lazos de la comunidad, no la sed de venganza a toda costa como a tantos "gamers" aficionados a la versión del videojuego les gustaría que fuera.

NADIE SE SALVA SOLO
Por su parte, la trama de 'El Eternauta', cuya primera temporada se acaba de emitir y gracias a su éxito internacional ha sido renovada para una segunda, también nos enseña que es posible la supervivencia tras el apocalipsis sin dejar a nadie atrás. En ella salvar a los demás también acaba siendo tanto o más importante que sobrevivir y nos presenta una evolución de los personajes desde el individualismo al compañerismo. Su historia se centra en una pandilla de amigos que tiene la costumbre de juntarse la noche de los viernes en casa de uno de ellos para jugar a las cartas. Aunque están en pleno verano ven por la ventana que de repente se pone a nevar. La tormenta de nieve hace que se vaya la luz y cuando se asoman a ver qué pasa fuera se dan cuenta de que la nieve es tóxica y provoca la muerte inmediata al contacto con la piel. A pesar de que se enfrenta a una muerte casi segura, el protagonista, elocuentemente llamado Juan Salvo, interpretado por el mítico actor Ricardo Darín, se empeña en salir a recorrer Buenos Aires en busca de su hija. Favalli, el anfitrión de la velada, le fabrica un traje protector con lo que encuentra por su casa para que su amigo pueda salir a la intemperie. Así empieza lo que parece que será la lucha contra los elementos y otros enemigos inesperados, tanto humanos como alienígenas, de un héroe solitario. Pero nada más lejos tanto del arranque de la trama como de su título, pues estamos ante una metáfora de la resistencia colectiva del pueblo argentino contra las injerencias del imperialismo yanqui a través de la financiación de golpes de Estado militares.
La trama de 'El Eternauta' es una metáfora de la resistencia colectiva del pueblo argentino contra las injerencias del imperialismo yanqui a través de la financiación de golpes de Estado militares
A lo largo del siglo XX, América Latina fue el escenario de una estrategia integral de control geopolítico por parte de los Estados Unidos. Lejos de ser intervenciones aisladas, los golpes de Estado en países como Brasil, Chile, Argentina, Uruguay, Bolivia y Paraguay formaron parte de un proyecto estructurado a nivel continental cuyo objetivo fue frenar el avance de las ideologías de izquierda y de los gobiernos soberanos para proteger el modelo neoliberal capitalista en el marco de la Guerra Fría. La invasión extraterrestre narrada por Oesterheld en las historietas que comenzó a publicar periódicamente en 1957 y que posteriormente se recogieron en formato de novela gráfica no es más que la traslación a distopía de ciencia ficción de la realidad política de su época, a modo de crítica y sátira. No en vano fue víctima de la represión durante la dictadura que se instauró en Argentina en 1976. Tanto él como sus cuatro hijas fueron asesinados por militar en Montoneros, el movimiento peronista clandestino de oposición al régimen autoritario.
Los personajes de 'El Eternauta' también empiezan siendo desconfiados y prefiriendo aislarse de los demás y preservar sus víveres en lugar de ponerlos en común con el vecindario, pero acaban optando por la camaradería y la cooperación, hasta el punto de alistarse a un ejército popular de salvación que tratará de contactar con la población superviviente a la nevada. Quienes se desvían del grupo y optan por el saqueo y la violencia contra los demás humanos acaban engullidos por los invasores. Una vez más son los que aprenden a colectivizar los recursos los que sobreviven. El lema elegido por los guionistas de la serie que adapta el cómic no puede ser más explícito: "Nadie se salva solo". La empatía y el apoyo mutuo es el verdadero calor que derretirá la nieve que ha arrasado a la humanidad.

LA SUPERVIVENCIA DEL MÁS AMABLE
Es el concepto de "la supervivencia del más apto" extraído del darwinismo el que ha prevalecido hasta nuestros días. Sin embargo este enfoque no pertenece exactamente a Darwin, sino a Herbert Spencer, sociólogo que interpretó los descubrimientos del biólogo como justificación científica para su defensa a ultranza de la economía de libre mercado y competencia entre empresas privadas sin intervención estatal como mecanismo de "selección natural" aplicado a las sociedades humanas y mejor vía para el progreso de las mismas. La teoría de la evolución ha sido históricamente instrumentalizada para dar carta de naturaleza al liberalismo económico y al sistema capitalista. Tanto 'The Last of Us' como 'El Eternauta' no sólo se desvían de la tradición narrativa postapocalíptica, sino que parecen querer desafiar la doctrina disfrazada de evidencia científica incontestable acerca de la supervivencia de la especie humana.
Aunque hayan sido mayoritariamente ignorados o silenciados por la academia, existen abundantes descubrimientos científicos y resultados de investigaciones que demuestran la importancia clave de los mecanismos de cooperación en la evolución de la vida, hasta el punto de haber sido el motor de grandes saltos evolutivos como el paso de las células sin núcleo (procariotas) a las células con núcleo (eucariotas). Fue la microbióloga Lynn Margulis la que demostró el origen simbiótico de las células eucariotas en los años 60. Su descubrimiento cuestiona el paradigma competitivo de la teoría de la evolución de los organismos vivos y por ello se topó con el rechazo frontal de la academia: 15 revistas científicas se negaron a publicar el artículo sobre su revolucionario hallazgo antes de que lo sacase a la luz en 1966 la 'Journal of Theoretical Biology'. No es para menos, pues el origen de las células nucleadas, y eso es un consenso científico que hoy no se discute, fue una innovación crucial en la evolución de la vida sobre la Tierra, pues tanto animales, como plantas, hongos y protoctistas nos hemos formado a partir de estas células, y el hecho de que estas surgieran como descubrió Margulis mediante la fusión y colaboración de células bacterianas muy diferentes entre sí choca de lleno con la centralidad que se ha concedido sin apenas oposición a la competencia entre individuos en la historia del estudio de la evolución biológica.
La simbiogénesis es un concepto propuesto por el ruso Konstantin Merezhkovsky (1855-1921) para referirse a la formación de nuevos órganos y organismos mediante fusiones simbióticas. Lynn Margulis demostró que la simbiogénesis es un hecho fundamental de la evolución. Todos los organismos lo suficientemente grandes como para que podamos verlos están compuestos de microbios, una vez independientes, que forman equipo para convertirse en entidades mayores. A medida que se fusionaban, muchos de ellos perdieron lo que en retrospectiva reconocemos como su anterior individualidad. En su libro 'Planeta Simbiótico', Margulis nos recuerda que los seres humanos no somos individuos, sino que somos grupos de células y bacterias que cooperan entre ellas para sobrevivir.
En su libro 'Planeta Simbiótico', Margulis nos recuerda que los seres humanos no somos individuos, sino que somos grupos de células y bacterias que cooperan entre ellas para sobrevivir
Aunque de esto se haya hablado mucho menos, el propio Darwin en su tratado sobre la evolución humana titulado 'El origen del hombre y la selección en relación al sexo', se refirió "a la fuerza mayor del instinto social o materno sobre cualquier otro instinto o motivación", que no está únicamente presente en la humanidad sino también en nuestros predecesores homínidos y otros mamíferos. "La supervivencia del más apto" no es una cita literal de Darwin pero sí lo es que "la amabilidad y la simpatía es de gran importancia para todos aquellos animales que se ayudan y defienden mutuamente y estas habrían aumentado por selección natural; porque aquellas comunidades que incluyen el mayor número de miembros amables y simpáticos han florecido mejor y criado el mayor número de retoños". La percepción del darwinismo como sinónimo de egoísmo, agresividad y dominación es claramente una versión parcial y sesgada y sobre todo, interesada, que no sólo debemos cuestionar desde la investigación científica, sino desde la cultura y el arte. La exacerbación del individualismo es la fuente de la que beben las crisis socioeconómicas y ecológicas en las que nos encontramos sumidos y lo que nos ha llevado a los humanos a este momento histórico en que nuestra extinción ya no nos parece tanto un argumento de ciencia ficción postapocalíptica como un hecho probable y casi inevitable si no cambiamos radicalmente nuestra forma de relacionarnos entre nosotros y con el medio ambiente que habitamos. Por eso resultan de tanta importancia relatos de ficción como 'The Last of Us' o 'El Eternauta' que nos ayuden a imaginar una salida colectiva y cooperativa al colapso de la humanidad. Es hora de asumir que la autosuficiencia es una falacia que nos está abocando a la desaparición de la faz de la Tierra.
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