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25.09.25

'Pubertat' trae madurez al tratamiento de la violencia sexual entre menores

  • Carmen Magdaleno

Uno de los mayores retos que se pueden afrontar como feminista a la hora de poner en práctica la teoría aprendida es la educación de los propios hijos, sobre todo cuando eres madre de un varón. Es menos complicado enseñar a las criaturas a reclamar los derechos que les faltan que a renunciar a los privilegios que no les corresponden, porque la recompensa de una educación en igualdad no es inmediata para ellos. Con el tiempo su salud mental y sus relaciones humanas lo agradecerán, pero no será un camino de rosas resistir contra la presión de grupo en el patio del colegio, en los pasillos del instituto, en los grupos de whatsapp. 'Pubertat', la serie que la directora y actriz catalana Leticia Dolera acaba de estrenar en HBO Max es pionera en trasladar a la ficción esas dificultades materiales y sociales que nos encontramos a la hora de revertir las dinámicas machistas en la educación de la infancia y la juventud, porque criar no es como hornear un pastel, no basta con seguir una receta al pie de la letra por muy correcta y bien intencionada que sea. 

La trama de esta serie nos sumerge de lleno en el impacto que tiene una denuncia de una agresión sexual entre menores de apenas 13 años desde todos los puntos de vista: el de la víctima, los presuntos agresores, los núcleos familiares de todos ellos y su entorno social más cercano, que son las amistades forjadas en el seno de una agrupación castellera de un pequeño pueblo de Tarragona. Este suceso le sirve a Dolera para explorar el peso de la comunidad y los referentes adultos de comportamiento más allá de padres y madres a la hora de entender cómo es posible que a tan temprana edad pueda tener lugar un acto de violencia sexual, y lo hace desde la reflexión pausada y la honestidad, sin discurso alarmista ni escenas morbosas, sin miedo a exponer las dudas y contradicciones cotidianas de cada cual. 'Pubertat' funciona como reverso perfecto de 'Adolescencia', la exitosa serie de Netflix que, aunque como poderoso recurso narrativo, prescindió de la perspectiva de la víctima y su familia para adentrarse en la psique y el contexto del victimario; y además escogía un caso extremo y excepcional de agresión que no dejaba espacio para la reinserción del agresor y la reparación de la agredida. 

'Pubertat' funciona como reverso perfecto de 'Adolescencia', la exitosa serie de Netflix que, aunque como poderoso recurso narrativo, prescindió de la perspectiva de la víctima y su familia para adentrarse en la psique y el contexto del victimario

Si buscamos la prevención de la violencia sexual y frenar su tendencia actual en aumento entre menores lo más constructivo y a la vez más difícil es fijarse en las situaciones matizables que pueden dar lugar a diferentes interpretaciones plausibles, esas que para poder entenderlas en toda su complejidad nos obligan a aparcar a un lado tanto las consignas feministas reduccionistas y automáticas del tipo "hijos sanos del patriarcado" como los prejuicios machistas que revictimizan y culpabilizan a las denunciantes y utilizan de forma torticera conceptos legales como la "presunción de inocencia". Leticia Dolera consigue ese más difícil todavía y construye con su guion un "castell" de cimientos sólidos, capaz de sostener un montaje poliédrico que avanza y retrocede en el tiempo según las perspectivas de los distintos roles, algo arriesgado en una serie tan coral, sin que el espectador pierda ni un segundo el hilo de los acontecimientos ni de la evolución emocional de todos los personajes. Somos capaces de ponernos en el lugar de cada uno de ellos, gracias a la apuesta firme por la observación atenta y detallista de lo íntimo y por la introspección psicológica, descartando el género del thriller y optando por el drama familiar que se acerca más al estilo sosegado de 'Querer' de Alauda Ruiz de Azúa que al suspense adictivo de consumo rápido marca 'Big Little Lies'. Abarca sin prisa pero sin pausa todos los grados que podemos encontrarnos de un extremo al otro del arco ideológico, desde el hombre de mediana edad orgulloso de su virilidad que se enfrenta a una crisis de hombría porque debe demostrar al exigente patriarca de la familia que está a la altura de heredar tanto la dirección de la empresa familiar como de la presidencia de la agrupación de "castellers" que también presidió su padre en el pasado, mientras a la vez se enfrenta al complejo de la disfunción eréctil; hasta la activista feminista que carga con el sentimiento de culpa por haber caído en una relación de abuso de poder con un hombre en aras de obtener de él la aprobación y atención que su padre no le prestó de niña. 

Pubertat-Max / Leticia Dolera

Leticia Dolera no se conforma con circunstancias maniqueas y simplistas y se aventura de lleno a la empatía, elemento del que adolecen la mayoría de obras audiovisuales de gran éxito comercial en la actualidad que tratan temas relacionados con la violencia machista. 'Pubertat' es una experiencia de inmersión en los sentimientos y motivaciones de las personas que no piensan como nosotros para que podamos comprender cómo se construye poco a poco el ambiente propicio para que una agresión sexual entre menores sea posible. No justifica los actos censurables ni elude las responsabilidades éticas, pero nos lleva a entender cómo funciona el sistema de pensamiento tanto de los púberes que lidian con la necesidad de afirmar su personalidad y su sexualidad y ser aceptados socialmente, como de los adultos que temen repetir con sus hijos los patrones que les traumatizaron en su infancia pero también destruir la tradición en la que se criaron y sus buenos recuerdos del pasado. El título de esta serie no podría ser más adecuado porque representa la apertura de un camino hacia la madurez en el debate de cómo se deben tratar los casos de agresiones sexuales a edades tempranas para evitar la reincidencia, que hasta ahora no ha ido mucho más allá de propuestas reaccionarias como aumentar penas de cárcel o rebajar la edad de responsabilidad penal de los menores.  

'Pubertat' es una experiencia de inmersión en los sentimientos y motivaciones de las personas que no piensan como nosotros para que podamos comprender cómo se construye poco a poco el ambiente propicio para que una agresión sexual entre menores sea posible

LA VIOLENCIA DEL SILENCIO

Sentarse a escuchar al otro con sensibilidad y respeto, incluso aunque lo que tenga que decirnos vaya a incomodarnos. Esta es la declaración de intenciones de esta serie desde que se abre el primero de sus seis capítulos con la toma de declaración de la víctima. El leitmotiv que vertebra su guion es la conversación y el debate en comidas familiares, asambleas, reuniones de amigos, fiestas, despachos de abogados… sin miedo a las contradicciones y a los temas tabú. No es casualidad que se centre en el diálogo, pues el gran problema que surge en las relaciones paternofiliales cuando asoma la adolescencia es el de la incomunicación intergeneracional. No sólo con respecto al sexo, sino con cualquier tema que implique demostrar vulnerabilidad, como enfrentarse al duelo por la muerte de una madre. Si hay un mensaje claro en esta serie que plantea más dilemas que respuestas definitivas es que callarse lo que uno siente y piensa nunca evita el sufrimiento sino que lo aumenta, y que cualquier posible solución pasa por hablar de todo aquello que nos cuesta más verbalizar y nos duele decir en voz alta. 

Una buena comunicación también es el quid de la cuestión en el consentimiento sexual: no asegurarnos de que la voluntad de la otra persona está en consonancia con la nuestra es el caldo de cultivo de abusos y agresiones. "No pregunté y tú no dijiste nada". Esta frase de uno de los niños que cometen los hechos denunciados le dice a la denunciante resume a la perfección la violencia que surge del silencio. 'Pubertat' nos enseña que no todo es tan sencillo como decir "no" o pedir al otro que pare cuando algo no nos gusta, hay que ir a la raíz de por qué tantas veces, sin necesidad de tener una intención premeditada de agredir, los hombres no preguntan a las mujeres si les apetece de verdad realizar una práctica sexual; o porque a tantas mujeres les resulta imposible negarse aunque no la deseen. La serie analiza las dinámicas de género que operan desde la más tierna infancia, en la que a las niñas se les enseña a agradar a los demás mientras que a los niños se les inculca que deben pelear por conseguir todo aquello que quieren y que no han de aceptar sin más un no por respuesta ("les coses s´han de batallar, eh, collons", cita literal de uno de los padres a su hijo después de que designen a otro niño para que ocupe su lugar en la formación de un "castell"). Para poder decir que no con libertad deben darse las necesarias condiciones de igualdad entre dos personas, y por eso 'Pubertat' se detiene a mostrarnos diferentes situaciones de desequilibrio de poder, como el abuso sexual intrafamiliar o la habitual tendencia de los hombres mayores a buscar relaciones sexuales con mujeres mucho más jóvenes que ellos, incluso aunque estas sean menores de edad. Uno de los mayores méritos de 'Pubertat' es precisamente que no esquiva adentrarse en todos los jardines espinosos del consentimiento sexual y logra salir sin un rasguño. 

'Pubertat' nos enseña que no todo es tan sencillo como decir "no" o pedir al otro que pare cuando algo no nos gusta, hay que ir a la raíz de por qué tantas veces, sin necesidad de tener una intención premeditada de agredir, los hombres no preguntan a las mujeres si les apetece de verdad realizar una práctica sexual; o porque a tantas mujeres les resulta imposible negarse aunque no la deseen.

JUSTICIA RESTAURATIVA

Otra de las características que distinguen a 'Pubertat' del resto de series y películas que abordan algún caso de violencia sexual es la centralidad de la reparación a las víctimas de la agresión y la reeducación de quienes la hayan cometido. Dolera huye del enfoque de investigación y persecución policial y, en lugar de cargar las tintas en potenciales responsabilidades penales y condenas de cárcel, nos presenta la existencia de procesos alternativos a los judiciales que consisten en asumir activamente la responsabilidad moral sobre los propios actos y ofrecer a la víctima aquello que necesite para sentirse reparada. 

El diálogo vuelve a ser el protagonista y la gran clave, pues es la base del modelo de justicia restaurativa que nos propone 'Pubertat', un método que se utiliza en delitos leves o cometidos por menores de 14 años por ser inimputables previo reconocimiento voluntario de su culpabilidad por parte de los denunciados. Este modelo recurre a técnicas de mediación y consenso como el círculo restaurativo entre los infractores y las personas afectadas directa o indirectamente por sus infracciones. La justicia restaurativa es un gran desconocido entre la mayoría de la población, acostumbrada a medir la justicia en años de prisión y en miles de euros de mal llamadas "compensaciones" económicas; a pesar de que como nos cuenta esta serie, más de 4.000 personas, tanto adultos como menores de edad, participan cada año en procesos de este tipo en la Generalitat de Catalunya, y en el caso de los menores el porcentaje de acuerdos satisfactorios y reparadores para ambas partes supera el 72%. La prioridad de la justicia restaurativa no es castigar a quienes cometen los hechos, sino implicarles en la resolución de las consecuencias que han tenido en las víctimas, con la ayuda de terceras personas independientes y especializadas, como psicólogos o pedagogos. 

Pubertat-Max / Leticia Dolera

Su finalidad última es obtener una adecuada reparación material y moral de los perjuicios a través de procesos colaborativos y de consenso que permitan la verdadera toma de conciencia del daño que se ha hecho, que se reconozca la auténtica magnitud del trauma causado a la víctima y se pueda empatizar con ella. Además, pretende dar un papel relevante al entorno familiar y social de los implicados para garantizar su verdadera recuperación y reinserción. No se trata de descartar por defecto los procesos penales cuando son pertinentes pero sí de reservarlos para cuando son estrictamente necesarios por la gravedad de los hechos a edades en que la capacidad de discernir cuándo se está cruzando la línea del abuso es limitada y la sexualidad se encuentra en desarrollo, pues los juicios tradicionales acaban retraumatizando mucho más a las víctimas y estigmatizando a los denunciados como potenciales criminales. Es como mínimo aventurado afirmar que el responsable último de un acto considerado legalmente agresión sexual es un niño de 13 años haciendo algo que la sociedad tiene normalizado o señalarlo como "puto violador" cuando nadie le ha enseñado en qué consisten las relaciones sexuales sanas y su única educadora en lo referente al sexo ha sido la pornografía.

'Pubertat' también destaca en su representación de cómo los profesionales de la Administración de Justicia deberían actuar siempre para evitar la tan habitual revictimización, con mecanismos como la declaración única como prueba preconstituida, que garantice que la denunciante no deberá narrar más de una vez lo que le ha ocurrido y así no ahondar en su sufrimiento. 

LA PUBERTAD NECESITA COMUNIDAD

Debajo de las capas de deshumanización y adicción que supone la exposición a pornografía, de la presión estética y los discursos de odio y opiniones polarizadas con las que los jóvenes son bombardeados a diario por las redes sociales, del aislamiento y ensimismamiento propiciado por el consumo sin control de pantallas; sigue subyaciendo tanto la construcción social de la feminidad y la masculinidad como las dinámicas hegemónicas de competición e individualismo que originan otras lacras juveniles como el bullying. La tecnología digital y móvil no ha causado el problema, sólo lo ha acelerado y elevado a la máxima potencia. Para frenarlo no basta con quitarles los smartphones a los chavales y supervisar los contenidos que les llegan; se trata de inculcar la confianza y la cooperación entre iguales, la misma que es necesaria para levantar un "castell" de nueve pisos hecho de personas abrazadas las unas a las otras. Dolera se vale de esa potente metáfora extraída de la cultura popular catalana para demostrar que lo que necesitan los jóvenes no es ni la sobreprotección ni la permisividad de los mayores, sino el acompañamiento, con paciencia y con cariño, en su evolución hacia las personas adultas en que se convertirán. Dar ejemplo es la mejor forma de educar, y para conseguir que ellos traten con empatía y humanidad a los demás así debemos tratarlos nosotros. De nada sirve demonizar o ridiculizar a los adolescentes, por ello “Pubertat” opta por humanizarlos y dignificarlos para recordar a los adultos cómo se sintieron a los 13 años en circunstancias similares, y que desde esa conexión con los miedos y dudas de los púberes sean capaces de darles las herramientas para tomar la decisión correcta por sí mismos. 

Dolera se vale de esa potente metáfora extraída de la cultura popular catalana para demostrar que lo que necesitan los jóvenes no es ni la sobreprotección ni la permisividad de los mayores, sino el acompañamiento, con paciencia y con cariño, en su evolución hacia las personas adultas en que se convertirán

Aunque ser un buen referente de comportamiento es la forma más efectiva de educar a los jóvenes, también es la más complicada, por eso 'Pubertat' se esfuerza también en ser comprensiva con los padres y las madres y sus contradicciones y limitaciones. A menudo se echa la culpa absoluta a las madres y padres de las acciones de sus hijos sin tener en cuenta la influencia de tantos factores que escapan a su control. Que los padres y madres sean ejemplo sano a seguir de respeto y equidad entre hombres y mujeres es un factor protector imprescindible para prevenir que los menores puedan acabar cometiendo agresiones sexuales, pero no es suficiente. Cosas como que una criatura tenga que caer en actitudes temerarias y sexualizadas de hipermasculinidad porque vive con temor a que los demás descubran que es homosexual y le humillen por ello, pues ha crecido viendo cómo sus abuelos, sus compañeros de clase… desprecian a diestro y siniestro a "maricones" y "nenazas" también es violencia, y la causa también son los roles patriarcales de género que endiosan los comportamientos asociados a lo masculino y devalúan los asociados a lo femenino. Un niño nunca será en esencia un agresor sexual o un "puto violador" como se dice en una de las escenas más catárticas de la serie, pero puede llegar a agredir si imita a los adultos equivocados y no dispone de referentes en los que confiar para preguntar sus dudas sexoafectivas o expresar su orientación sexual sin miedo a ser reprendido. La restauración de los vínculos sociales y del apoyo mutuo comunitario y la creación de espacios públicos de coeducación más allá de la familia y las aulas en los que la educación sexual no sea el elefante en la habitación son prioritarios para prevenir la violencia sexual en menores. Para permitir una pubertad que pueda explorar su sexualidad libremente sin peligro se necesita el compromiso firme de toda la comunidad para que nadie tenga que sentirse solo y sobrepasado y podamos apoyarnos los unos en los otros como en el precioso "castell" que pone el cierre perfecto a esta historia.

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