Un lugar para resistir

  • Suscríbete

Secciones

  • El MentideroOpiniones desde la disonancia
  • HistoricidiosUna memoria para el relato silenciado
  • ÁgoraPolítica y economía
  • KawsayCrisis ecológica y justicia climática
  • Los nadiesHistorias desde los márgenes
  • PópuloMovimientos sociales para cambiar el mundo
  • Primeros planosEntrevistas en profundidad
  • ArtesCultura para la transformación social

Sobre nosotros

  • Quiénes somosY qué hacemos, y cómo lo hacemos
  • Publicar en KamchatkaEnvíanos tus propuestas
  • PublicidadCrece con Kamchatka

Contacto

hola@kamchatka.es

En Kamchatka mantenemos todos los artículos en abierto porque creemos que la información es un derecho universal, pero necesitamos tu apoyo para seguir creciendo. Si puedes, suscríbete desde 5 euros

  • El Mentidero
15.03.26

La manosfera (también) odia a los hombres

  • Carmen Magdaleno

Cada vez son más las voces que acusan al activismo feminista de ser el causante directo del aumento de la ideología de extrema derecha entre los chicos jóvenes. Una de las últimas ha sido la del periodista y escritor Alberto Olmos, que afirmaba en su podcast de El Confidencial que son las charlas sobre igualdad de género que se imparten en los centros escolares las que están creando jóvenes reaccionarios porque se sienten insultados y humillados por ellas. Es recurrente desde el nacimiento del feminismo como teoría política la idea de que su esencia ideológica es el "odio a los hombres" y hoy en día, tras casi dos siglos de existencia, seguimos teniendo que explicar que el objetivo del feminismo es erradicar el patriarcado, un orden sociopolítico que relega a las mujeres a un lugar subalterno y doméstico con respecto a la preeminencia pública de los hombres. El problema son las estructuras jerárquicas de poder que siguen reproduciendo roles machistas basados en prejuicios biologicistas según los cuales las mujeres son destinadas a tareas de cuidados familiares y reproducción social mientras los hombres se encargan de la producción económica y el liderazgo político. Pero esto ya lo sabemos todos, también Alberto Olmos, y sin embargo sigue interesando comparar al feminismo con el machismo y la misoginia, que sí suponen un odio real contra las mujeres, no sólo discursivo sino también material, que se puede cuantificar objetivamente con apabullantes estadísticas de feminicidios y violencia sexual sufrida en cualquier rincón del planeta. No tiene sentido seguir repitiendo a quien hace oídos sordos que las feministas no odiamos a los hombres sino el machismo, pero sí creo que sería de gran utilidad analizar el discurso machista predominante en los medios de comunicación y en las redes sociales, para que nos demos cuenta de que además de propagar y justificar el odio y la violencia contra las mujeres, también se basa en un profundo desprecio a los hombres y su negación de condición de seres humanos. 

Es la manosfera y no el feminismo el que vive del odio a los hombres y hace negocio con él, y por supuesto es su discurso machacón difundido hasta la saciedad en todas partes el principal responsable de la involución ideológica de los chavales expuestos a él 24/7 a través de sus pantallas móviles. Todos los gurús masculinistas que venden por Internet sus consejos de seducción, de inversiones financieras o de fitness para tratar de captar no sólo la atención sino el dinero de los chavales; beben de minar su autoestima y generarles inseguridades y complejos, al igual que la industria cosmética ha hecho históricamente con las mujeres. La base de su discurso es que ningún hombre tiene valor por sí mismo, como persona, ese valor tiene que crearlo, ganárselo a base de abultar tanto su cuerpo como su cuenta bancaria. Para los machistas un hombre vale lo que mide el diámetro de sus bíceps y los ceros de su patrimonio. Les dicen que no merecen amor por lo que son, que tienen que comprarlo con dinero o imponerse por la fuerza a las mujeres para ser respetados y temidos por ellas. Los mentores de la masculinidad que por un módico precio enseñan a sus discípulos cómo ser hombres "de verdad" y alcanzar "su mejor versión" son los que se ríen de los hombres "normales", los que no son de "alto nivel o valor". Ellos mismos se dividen entre "alfas" y "betas", entre "fuckers" y "planchabragas", entre "campeones" y "perdedores"; se comparan y compiten constantemente entre sí. Estos hombres disfrazan de "coaching" el maltrato psicológico, cuando no físico, no sólo contra las mujeres, pues además de enseñar al resto de hombres a encontrar pareja también les aleccionan sobre como someterlas a sus órdenes y controlarlas en todo momento; sino también contra los demás hombres, con los que se relacionan siempre con dinámicas de "bullying". Sus principales vías de motivación a mejorar, a esforzarse para conseguir sus objetivos, son siempre burla y el insulto. 

Todos los gurús masculinistas que venden por Internet sus consejos de seducción, de inversiones financieras o de fitness para tratar de captar no sólo la atención sino el dinero de los chavales; beben de minar su autoestima y generarles inseguridades y complejos

Aunque se apresuran a entonar la cantinela del "not all men" ante cada nuevo caso mediático en el que se destapa a un nuevo agresor machista o depredador sexual en el ámbito político o cultural, son ellos mismos los que no confían en que puedan dejar sola a "su chica" con otros hombres porque consideran que sus pares masculinos intentarán "aprovecharse de ella". Son ellos los que transmiten con su discurso que los hombres no tienen un adecuado control de impulsos y por ello tienen que entrenar y aprender a ser "estoicos", "frugales", "pacientes". Es su ideología patriarcal la que considera a los hombres poco más que monos en celo incapaces de pensar más allá de sus genitales y por eso se han inventado esa infinidad de cursos para civilizarles y enseñarles a socializar de la forma en que ellos consideran exitosa. Si por algo deberían sentirse ofendidos e humillados los chavales no es por las charlas de igualdad que cuestionan los roles patriarcales de género y se centran en fomentar su capacidad de empatía, sino por las absurdas (y carísimas) charlas online de los expertos en "masculinidad de alto valor" porque son ellos los que, además de estafarles, les menosprecian y dejan a la altura del betún con sus prejuicios machistas.

LA MASCULINIDAD ES SOLEDAD

El documentalista británico Louis Theroux acaba de estrenar en Netflix el documental 'Inside the Manosphere' en el que entrevista a varios "influencers" que han continuado la estela de Andrew Tate y también a jóvenes seguidores de los mismos. Todos coinciden en que un hombre no debe pedir nunca nada, tiene que espabilar y conseguir solo y sin ayuda todo lo que necesita y desea. "Como hombre no vales nada de entrada. El valor te lo tienes que currar" es la principal y más repetida enseñanza de estos "coaches" de masculinidad. Detrás de su falso ideal de "hombre hecho a sí mismo" se encuentran los valores fundacionales de la economía capitalista, como el individualismo, la autosuficiencia y la competitividad; que coinciden con los fundamentos de la masculinidad patriarcal. Un hombre debe ser fuerte y valiente, poder solo con todo, está en su mano conseguir lo que se proponga si tiene la fuerza de voluntad necesaria. La cooperación y la interdependencia es de débiles y cobardes. Son esos valores intrínsecos a la ideología compartida por el patriarcado y el capitalismo los que sumen a los hombres en esa soledad, en la actualidad agravada por el aislamiento y la atomización social provocadas por las tecnologías digitales. A la vez, la precariedad laboral generalizada y las dificultades para poder independizarse derivadas de la actual crisis de vivienda a nivel mundial les genera una sensación doble de frustración y fracaso, pues según sus creencias un hombre no es un hombre de verdad sin éxito traducido en un puesto de prestigio, en un casa de lujo y otras posesiones como coches y relojes como expresión de su estatus de preeminencia social. 

'Inside the Manosphere'

Se acusa también a las mujeres, principalmente las feministas, de haber dejado solos a los hombres con sus exigencias de igualdad y corresponsabilidad. Como ellas ya no están tan dispuestas como antaño a cumplir el rol de novia o esposa tradicional, como ellas prefieren ahora permanecer solteras y sin compromiso y tener la libertad de salir con sus amigas, como han dejado de transigir para convertirse en sus asistentas y cuidadoras gratuitas… ellos no logran encontrar una pareja a su medida. La supuesta epidemia de soledad masculina es también supuesta consecuencia de la picajosidad y el libertinaje que promueven las feministas. Sin embargo, esa soledad es previa e inherente a la masculinidad tradicional, a pesar de la extendida creencia de que los hombres son los más leales compañeros, al contrario que las mujeres, "que son muy malas amigas entre ellas". ¿Por qué se sienten solos entonces al no estar acompañados por parejas femeninas si supuestamente tienen a sus colegas siempre a su disposición, tan nobles y fieles escuderos? ¿Será que nunca han aprendido a hablar entre ellos de sus emociones, será que nadie les ha enseñado a escucharse, a preguntarse unos a otros cómo se sienten y qué necesitan? ¿Es posible que la culpa y la vergüenza les impidan mostrarse vulnerables ante otros hombres? La soledad es una exigencia de la masculinidad, por definición ellos no pueden ni deben depender de la compasión y el altruismo de otros hombres. ¿Será que los hombres no son tan buenos amigos entre ellos como cuenta el relato machista oficial? De hecho, el documental apunta a una verdad incómoda: la mayoría de divulgadores de la manosfera vienen de infancias con padres autoritarios y/o ausentes, y este hecho debería ser tenido en cuenta no para victimizar a estos hombres y exculpar su misoginia sino para entender que su vía de transmisión primaria siempre ha estado en el ejemplo recibido de sus principales referentes masculinos. Sin nuevos referentes masculinos que se opongan al modelo de masculinidad patriarcal la batalla está perdida de antemano. 

La soledad es una exigencia de la masculinidad, por definición ellos no pueden ni deben depender de la compasión y el altruismo de otros hombres. ¿Será que los hombres no son tan buenos amigos entre ellos como cuenta el relato machista oficial?

La exitosa miniserie noruega 'Un hombre mejor', que en su país de origen ha tenido el mismo impacto social que tuvo 'Adolescencia', y que en España ya se puede ver a través de la plataforma Filmin, narra la historia de uno de esos hombres solitarios y enfadados por lo lejos que ha ido el feminismo, y que por ello se dedica a diario a dejar comentarios amenazadores e insultantes en perfiles de mujeres feministas. Un día en que se encuentra especialmente frustrado tras el rechazo de una mujer con la que creía tener un futuro como pareja, se le ocurre amenazar con violar a una famosa monologuista. "Búscame entre el público, seré el que no se ríe. Te esperaré a la salida de tu espectáculo". La artista decide exponer públicamente en un programa de televisión nacional el pseudónimo digital desde el que ha recibido la amenaza de violación en su cuenta de Instagram, y la identidad de este acosador anónimo es descubierta por unos hackers. De inmediato la prensa va a por él y acaba sufriendo en sus carnes el mismo tipo de acoso y derribo al que él sometía a sus víctimas. Para poder ocultarse del escrutinio mediático se disfrazará de mujer y vivirá un tiempo bajo identidad femenina. Así experimentará en sus carnes cómo es pasear sola de noche por la calle siendo mujer, cómo es entrar sola a un bar, cómo es que los hombres invadan constantemente tu intimidad y tu espacio en lugares públicos, y también aprenderá por la vía de los hechos que acompañar a un hombre a su casa o aceptar una invitación a una copa no equivale a afirmar consentimiento sexual. De este modo el protagonista acaba dándose cuenta de que creía sufrir debido a que no le gustaba a las mujeres, pero lo que realmente le dolía era el rechazo de los otros hombres por el hecho de no conseguir gustarle a las mujeres. "Los hombres me han ridiculizado, abandonado, traicionado, golpeado y violado. Estoy harto de los hombres y de ser un hombre. Ser un hombre es dominar a otros, que te quieran por imposición. La masculinidad es poder, control y dominio. Yo no tenía poder, ni control, ni dominio. Por eso la masculinidad me hacía sentir miserable y aún así fui su más leal defensor. Un fracasado animando a su agresor". Las circunstancias le llevan a trabajar en un centro de atención a víctimas de violencia sexual, y es ayudando y escuchando a las mujeres como acaba dándose cuenta de que sus ideas acerca de ellas estaban equivocadas. Ponerse literalmente en los zapatos de las mujeres le libera de querer encajar en los mandatos de la masculinidad y le descubre lo bien que sienta dar rienda suelta a las emociones, cuidar de los demás y dejarse cuidar por ellos. Esta serie es un soplo de aire fresco ante tanto alarmismo y fatalismo distópico del estilo 'Black Mirror' porque nos enseña que el camino del cambio de actitud es posible, hasta el del más recalcitrante machista, a través de la conexión y la construcción de vínculos sólidos y recíprocos con los demás, que no tienen que ser relaciones sentimentales o familias nucleares necesariamente, pueden ser vecindades y amistades comprometidas con el bienestar del otro. 

'Ølhunden Berit' (A better man)

EL FEMINISMO ES COMUNIDAD

El objetivo político del movimiento feminista es sustuir el modelo de dominación masculina que rige nuestra organización social por un modelo de cooperación e interdependencia en condiciones de igualdad entre todos los seres humanos. Las feministas no creen que los hombres sean egoístas y agresivos por naturaleza, sino que es la ideología patriarcal la que entrena a los hombres para comportarse así. El feminismo ofrece a los hombres la oportunidad de relacionarse de forma recíproca con las mujeres y el resto de hombres a través del apoyo mutuo, les libera de la obligación de ser autosuficientes y los principales proveedores económicos a la vez que les corresponsabiliza de las tareas domésticas y los cuidados. La pérdida de privilegios por haber nacido varones se ve compensada por un nuevo orden social cooperativo en que no existen privilegios para nadie y todas las personas sin excepción son ciudadanas de pleno derecho con los mismos derechos y deberes de facto.  Al contrario de lo que se cacarea en los corrales de gallos masculinistas, el feminismo ama a los hombres como ama a todas las personas por igual, porque presupone que basta con que existan para que tengan valor, no tienen que hacer nada ni actuar de ningún modo concreto para ser aceptados y amados. El pensamiento feminista emancipa tanto a mujeres como a hombres de su caracterización como medios para un fin, y les convierten en fines en sí mismos. Los hombres podrían liberarse de la obligación de obtener resultados, de tener que luchar constantemente y de interactuar con los demás en términos de estrategia bélica. El feminismo es consciente de que los varones no nacen con el deseo de agredir a los demás, sino como cualquier otro ser humano, nacen con el deseo inherente de conectarse con otros seres humanos. Las feministas han teorizado de sobra contra el esencialismo biológico que orientaría a los hombres a la conquista, la superación, el triunfo y la dominación. Todos estamos orientados desde nuestra esencia humana a las relaciones, a formar comunidades. 

Manifestación del 8 de marzo en Madrid

El patriarcado deshumaniza a las mujeres para que los hombres acepten convertirlas en un mero instrumento a su servicio, pero para conseguir esto también ha tenido que deshumanizar a los hombres, desconectarles de su empatía y adoctrinarles para odiar toda forma de vulnerabilidad o necesidad de cuidados. Por eso el feminismo es la idea radical de que las mujeres son seres humanos, y de que también lo son los hombres. Las feministas sabemos que los hombres no son máquinas de derrotar rivales y conquistar territorios. Tampoco son máquinas de matar si hace falta para conseguirlo, aunque últimamente Netanyahu y Trump hayan vuelto a ponerlo de moda.

El patriarcado deshumaniza a las mujeres para que los hombres acepten convertirlas en un mero instrumento a su servicio, pero para conseguir esto también ha tenido que deshumanizar a los hombres, desconectarles de su empatía y adoctrinarles para odiar toda forma de vulnerabilidad o necesidad de cuidados

El feminismo nos descubrió que antes que la masculinidad, estaba vuestra humanidad. A ella apelo para que dejéis de mirar hacia otro lado cuando otros hombres nos asesinan o nos violan por ser mujeres. Para que os unáis como compañeros en la transformación hacia una sociedad feminista, es decir justa y equitativa para todos y cada uno sin excepción. Por supuesto, no es fácil y cómodo pronunciarse sobre asuntos tan delicados y dolorosos, nosotras lo sabemos, siempre nos toca ser la que señala el elefante en la habitación y acabar aplastadas por él. Y estamos exhaustas. Ya no podemos más. Necesitamos compartir esa carga igual que el resto que se nos han echado encima por ser mujeres. Queremos corresponsabilidad, también en la lucha feminista. Que los hombres hagan su parte. No es otra que escuchar a las mujeres y hablar con otros hombres de la necesidad de cambiar sus actitudes. Ser ejemplo para los otros. No sólo para hijos o alumnos, también para amigos y colegas de trabajo. Desde los contextos más formales a los más relajados, cuando os estáis divirtiendo también es crucial, más si cabe, que os atreváis a "aguar la fiesta" rechazando firmemente todo comportamiento machista. Ahorradnos el tener que exponernos siempre nosotras a ser etiquetadas de "quisquillosas", "amargadas" y "exageradas". Tenéis que estar dispuestos a perder amigos, ascensos y palmaditas en la espalda. Ganaréis decencia humana. No dejéis pasar ni el chiste de turno en el grupo de whatsapp porque ningún comentario machista es inocuo y mucho menos lo es callar frente a ellos. Si calláis, sois cómplices. No sólo la vergüenza, vosotros, los hombres, también tenéis que cambiar de bando. Aquí os esperamos y os queremos. 

Ayúdanos a resistir

En Kamchatka rechazamos los discursos de odio que colisionan con los derechos intrínsecos a cualquier ser humano. No todas las ideas son válidas ni respetables cuando se utilizan como un arma arrojadiza contra la convivencia y la igualdad. Aquí solo encontrarás opiniones en consonancia con los principios básicos de una sociedad libre y democrática. Apoya el pensamiento crítico desde 5 euros.

Deja un comentario Cancelar la respuesta

Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.

Articulos relacionados

delgada
El Mentidero
15.03.18

Víctimas y combatientes

  • Carmen Magdaleno
Una apuesta por la libertad
El Mentidero
13.05.21

Una apuesta por la libertad

  • Julen Bollain
Mudanzas electorales
El Mentidero
27.05.19

Mudanzas electorales

  • Jonathan Martinez

Ayúdanos a resistir

Suscríbete
Suscríbete a Kamchatka.es

Suscríbete a
nuestra newsletter

Un lugar para resistir

  • Sobre nosotros
  • Ayúdanos a resistir
  • Publicar en Kamchatka
  • Publicidad
  • Aviso legal
  • Política de cookies
  • Política de privacidad

Kamchatka © 2021 | Web by Boira.Studio