Es miércoles 1° de octubre de 2025 y, desde la madrugada, la transmisión en vivo del barco Adara —una de las 42 embarcaciones con tripulación de más de 40 países que integraban la Flotilla Global Sumud— se ha interrumpido. Las imágenes difusas en blanco y negro del convoy, junto al sonido de las olas y del resto de los barcos, quedaron en silencio.
Un mensaje confirmó las sospechas.
"Soy Celeste Fierro, diputada del MST en el Frente de Izquierda, representante de la Liga Internacional Socialista de Argentina, y si estás viendo este video es porque el ejército de Israel ha frenado nuestra misión humanitaria", dice Celeste, en un video grabado días antes en caso de un eventual desenlace.
La intercepción total de los convoy culminaría el 3 de octubre; el Adara fue uno de los primeros en ser detenido. Ninguna de las embarcaciones logró llegar a Gaza. Tampoco el cargamento de ayuda humanitaria compuesto por medicamentos, leche en polvo para bebés, alimentos, pañales y prótesis. La nave más cercana alcanzó apenas las 25,5 millas náuticas de la costa.
El ejército israelí secuestró a 462 personas en aguas internacionales, entre ellas, a Celeste Fierro. "En este momento, desde acá, lo que te pido es que salgas a la calle, que denuncies, que exijas nuestra libertad y también el fin del genocidio", agrega.
Celeste Fierro —Cele, como cariñosamente se la conoce— acaba de cumplir 40 años. Los celebró poco antes de zarpar rumbo a Gaza. Tiene el pelo rizado y oscuro, pecas en las mejillas que se le acentúan al sonreír y una voz un poco rasposa, como la de alguien que pasa el día entero hablando. Sospecho que su día tiene más de 24 horas.
Nació en Sierra Chicas, un cordón montañoso de las Sierras de Córdoba, y se crió en Villa Allende, en la misma provincia. Es madre de Emilia, una niña de nueve años que es su viva imagen. Emilia sostuvo su mano dentro del Congreso de la Nación durante la jura de su mandato, en 2023, cuando asumió como diputada electa por la Ciudad de Buenos Aires.
Celeste milita desde hace más de dos décadas en el Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST), una de las organizaciones que integran el Frente de Izquierda y de los Trabajadores–Unidad. Al MST le ha entregado más de la mitad de su vida: empezó a militar a los 18 años, mientras estudiaba la licenciatura en Trabajo Social. Desde entonces, la causa palestina forma parte de su horizonte político.
Cele recuerda que, ya desde 2003, en los pasillos de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB), pronunciarse contra el Estado de Israel bastaba para que te señalaran de antisemita. "El Estado sionista de Israel es el mayor antisemita, porque está eliminando a todo el pueblo palestino. Es su objetivo. Desde octubre de 2023, cuando la situación escaló, el genocidio está siendo televisado", me comenta sentada a las afueras del Congreso".
"El Estado sionista de Israel es el mayor antisemita, porque está eliminando a todo el pueblo palestino. Es su objetivo. Desde octubre de 2023, cuando la situación escaló, el genocidio está siendo televisado"
La militancia internacionalista siempre la ha definido. Estuvo en Chile durante la revuelta popular, en Brasil acompañando las movilizaciones del Ele Não y en Perú, en las protestas contra Dina Boluarte. Esa trayectoria fue, en parte, la que la llevó a sumarse al mayor convoy civil de la historia y a la primera misión humanitaria naval no autorizada que logró acercarse a menos de 70 millas náuticas —unos 130 kilómetros— de la costa de Gaza desde la imposición del bloqueo israelí en 2009.

"Creo que hicimos todo lo que estaba a nuestro alcance. Lo intentamos desde las legislaturas, en el Congreso, en las calles, impulsando acciones para exigir la ruptura de relaciones diplomáticas y comerciales. Pero parecía que no alcanzaba. Entonces, cuando surgió la oportunidad de ser parte de esta flotilla, de ponerle el cuerpo a las ideas, lo discutimos colectivamente, y también fue una decisión personal: estar ahí, hacer todo lo posible para enfrentar realmente al fascismo, al sionismo, a un genocidio. Eso fue lo que más me motivó, individual y colectivamente".
La Flotilla Global Sumud fue una iniciativa marítima internacional impulsada por la sociedad civil y lanzada a mediados de 2025. Su nombre proviene del árabe ṣumūd, que traducido al castellano significa "perseverancia" o "constancia". No fue el primer intento de llegar a Gaza por mar, pero sí el más grande: más de 28 mil personas se inscribieron para participar.
En mayo de 2025, el Conscience —uno de los barcos de la Flotilla de la Libertad de Gaza, que transportaba a una treintena de activistas internacionales y ayuda humanitaria hacia la Franja— se vio obligado a detener su misión frente a las costas de Malta después de ser alcanzado por varias explosiones. Un mes después, en junio, Israel interceptó al Madleen; y en julio, al Handala.
Las misiones anteriores habían sido incluso más letales. En 2010, un intento israelí de frenar otra flotilla culminó con el asesinato de al menos nueve personas y una treintena de heridos, luego de que comandos de la Marina abordaron uno de los barcos.
El 31 de agosto de 2025 se preveía que una docena de embarcaciones zarparían desde el puerto de Barcelona, entre ellas el Adara, con Cele a bordo. A esa acción le seguiría una segunda ola desde Túnez, el 4 de septiembre.
Sin embargo, debido al mal tiempo y a reparaciones de último momento, la salida del Adara se retrasó hasta el 5 de septiembre, y llegó a Túnez dos días después. A medida que atravesaban el Mediterráneo, otras embarcaciones se fueron sumando. La delegación contó con figuras de alto perfil a bordo: la activista climática Greta Thunberg, Mandla Mandela —nieto de Nelson Mandela— y distintas personalidades del ámbito político y cultural.
La comisión argentina, distribuida en distintas embarcaciones, estaba integrada por Celeste, Carlos "Cascote" Bertola —militante de Nuestra Patria y capitán del buque La Estrella—; Ezequiel Peressini, dirigente de Izquierda Socialista en el FIT-U; y Nicolás Calabrese, profesor de educación física y residente en Brasil.

La vida a bordo del Adara, integrado por 23 tripulantes, era una "actividad 24/7", describe Fierro. Cada persona tenía tareas asignadas durante el día: desde la cocina y limpieza, hasta las propias de la navegación. La disciplina era esencial. Con representantes de distintos países, la información debía circular de manera constante —sobre lo que ocurría en la flotilla, las noticias desde Gaza y las acciones de apoyo en el mundo—. Las guardias eran con cambios de turno cada dos horas. El desayuno comenzaba a las 6:00 am, el almuerzo a las 13:00, la cena a las 20:00, y media hora después se apagaban las luces. "Al ser un barco muy pequeño en relación con la cantidad de gente que éramos, la rotación para dormir era necesaria para tener espacio y poder descansar al menos un par de horas", recuerda la legisladora.
Las primeras denuncias de ataques con drones por parte del ejército israelí llegaron entre el 9 y el 10 de septiembre, cuando los barcos Family y Alma fueron blanco mientras se encontraban anclados. Desde el comienzo de la iniciativa, el gobierno de Netanyahu había dejado claro que haría todo lo necesario para impedir que la flotilla llegara a Gaza, acusando a los tripulantes de tener vínculos con Hamás. "Se tomarán las medidas necesarias para impedir su entrada en la zona de combate", advirtió un comunicado del Ministerio de Exteriores de Israel.
Los ataques se repitieron el 24 de septiembre, cuando, en plena madrugada, se lanzaron químicos que provocaron daños y explosiones en algunos barcos, además de interferencias en las comunicaciones. Tras esos incidentes, Italia y España enviaron buques de guerra para acompañar a la flotilla durante parte del trayecto, mientras Turquía desplegó drones para vigilar y documentar posibles agresiones.
A última hora del martes 30, la radio pública israelí Kan informó que la flotilla sería interceptada al ingresar a aguas de "alto riesgo". El operativo, ejecutado por la unidad de élite Shayetet 13, tenía la misión de tomar control de los barcos, reunir a los activistas en buques de la Armada, interrogarlos y deportarlos desde el puerto de Ashdod —el más cercano a Gaza—. Las embarcaciones serían remolcadas o hundidas.
En ese punto, el buque Furor, enviado por el gobierno de Pedro Sánchez, decidió no cruzar la zona de exclusión impuesta por Israel. Se limitaría a realizar tareas de rescate, en caso de ser necesario. La primera ministra Meloni también ordenó al Alpino retirarse para evitar un "incidente diplomático". Ambos gobiernos pidieron que no siguieran avanzando. La Flotilla se negó.
Durante la madrugada del miércoles 1° de octubre, los buques de guerra israelíes se acercaron y obligaron a los capitanes del Sirius y del Alma a maniobrar peligrosamente para evitar colisiones.
A la mañana, con el protocolo de seguridad ya activado, Cele publicó un video informando que el Adara seguía navegando, a velocidad reducida, a unas 120 millas de la costa. Aunque las alertas subían y bajaban a cada minuto, la tensión era constante. "No pierdan de vista a la flotilla", pidió.
Cerca de las 20:40 del 1° de octubre, las fuerzas israelíes iniciaron el operativo: rodearon la flotilla con navíos y lanchas rápidas. Todo fue rápido, recuerda Cele.
El Alma —que encabezaba la misión—, el Adara y el Sirius fueron los primeros en caer a unas 74 millas náuticas —137 kilómetros— de la costa de Gaza.
"Ya nos están interceptando; hay dos barcos militares rápidos que se han acercado a nuestras embarcaciones (...) en estos momentos ya nos están alumbrando", dice la diputada en un video donde su rostro ya no es visible.
Celeste habla de imágenes imborrables: los rostros de sus compañeros, sentados unos junto a otros, esperando; las luces cegadoras de los navíos que los apuntaban, y aquellas voces que, incluso, les hablaron primero en español —quizás porque el Adara cargaba la bandera española—.
El aparato propagandístico israelí difundió que los barcos habían sido detenidos "sin incidentes", que los tripulantes estaban "sanos y salvos", y que serían deportados tras ser realizar los interrogatorios correspondientes. Pero la realidad fue otra.
"Desde que el ejército de Israel tomó nuestros barcos, estuvimos más de 24 horas encerrados en los camarotes, hacinados, sin comida", recuerda la argentina. "Nos sacaron con mucha más violencia, nos dejaron en un estacionamiento de cemento, de noche, arrodillados, muchos con las manos atadas en la espalda. Ahí se conoció el video del ministro [Ben-Gvir] gritándonos, llamándonos terroristas. Fue el inicio del proceso que terminó con nuestra detención en una cárcel de máxima seguridad, donde nos quitaron absolutamente todo y permanecimos incomunicados al menos 48 horas". Cele pensaba todo el tiempo en su familia y sus compañeros de militancia en Argentina. "La mayor preocupación era que se supiera dónde estábamos y qué nos estaba pasando", dice.
Bajo el argumento de que la flotilla podía infiltrar armas o personas hostiles, y de que toda ayuda "legítima" debía canalizarse por corredores autorizados, los activistas fueron trasladados al complejo de Ketzio, en el desierto del Néguev: una cárcel de alta seguridad histórica por confinar a presos palestinos. Organismos de derechos humanos —entre ellos la ONG B'Tselem— han denunciado las pésimas condiciones sanitarias de la instalación, el aislamiento, las restricciones a las visitas y el trato cruel hacia los reclusos.
Los activistas fueron trasladados al complejo de Ketzio, en el desierto del Néguev: una cárcel de alta seguridad histórica por confinar a presos palestinos. Organismos de derechos humanos han denunciado las pésimas condiciones sanitarias de la instalación, el aislamiento, las restricciones a las visitas y el trato cruel hacia los reclusos
Los primeros testimonios desde el interior de Ketzio revelan el trato que recibieron los integrantes de la flotilla: privación de alimentos, agua y medicamentos durante más de 36 horas; humillaciones; registros corporales abusivos; exposición al calor sin resguardo; guardias con perros, insultos racistas y agresiones físicas y psicológicas. Itamar Ben-Gvir los catalogó de "terroristas", y así fueron tratados. "La verdad es que es incomparable con lo que vive el pueblo palestino, pero la violencia fue constante", recuerda Cele.

El caso más público fue el de Greta Thunberg, arrojada al suelo y golpeada con frecuencia. Le decían "Greta puta" —en sueco— y "asesina de bebés". Tras su regreso, el activista Ersin Celik declaró a CNN Türk que la arrastraron por el suelo e intentaron forzarla a besar la bandera israelí.
Cele, por su parte, habla de la falta de información como una forma de tortura psicológica: no saber qué podía ocurrir al minuto siguiente. "La incertidumbre de qué puede pasar con nosotros, teniendo en cuenta que enfrente está uno de los ejércitos más preparados y más crueles, que lleva adelante un genocidio (...) Se terminaron todo tipo de derechos desde el momento en que fuimos interceptados en aguas internacionales por parte del ejército de Israel".
Pasaron 48 horas hasta que hubo contacto con el cónsul argentino en Tel Aviv. "Pero fue el cónsul, no el embajador", aclara Fierro. "No hubo ninguna acción diplomática por parte del gobierno de Javier Milei para lograr nuestra libertad más rápido ni para mejorar las condiciones en las que estábamos. De hecho, cuando logramos salir, lo hicimos hacia Jordania y fuimos acogidos por la Oficina Consular de Uruguay. Estamos en casa gracias a nuestras compañeras y compañeros —en mi caso, del MST de Argentina y de la Liga Internacional Socialista—, que garantizaron los pasajes de regreso desde Jordania". Y eso también hay que marcarlo: la línea política que lleva adelante el gobierno argentino, de apoyo al criminal de guerra Netanyahu y al genocidio que perpetra".
"No hubo ninguna acción diplomática por parte del gobierno de Javier Milei para lograr nuestra libertad más rápido ni para mejorar las condiciones en las que estábamos. Y eso también hay que marcarlo: la línea política que lleva adelante el gobierno argentino, de apoyo al criminal de guerra Netanyahu y al genocidio que perpetra"
La falta de respuesta del gobierno de Javier Milei no resulta casual: se inscribe en la línea política que su gestión mantiene hacia Israel desde su llegada al poder en diciembre de 2023, marcada por un apoyo irrestricto a Benjamin Netanyahu. En junio de 2025, Milei confirmó su intención de trasladar la embajada argentina de Tel Aviv a Jerusalén para 2026.
En el plano interno, la orientación de su gobierno también se refleja en el uso de la Ley Antidiscriminatoria 23.592 y de la definición de antisemitismo de la International Holocaust Remembrance Alliance (IHRA) para judicializar voces críticas. Bajo estos marcos, fueron llevados ante la justicia Vanina Biasi, dirigente del Partido Obrero, y Alejandro Bodart, del MST, por publicaciones en la red social X donde denunciaban crímenes de guerra por parte del Estado de Israel.
En los últimos meses se han registrado otros episodios de persecución: el despido de Daniel Otero, docente de geografía tras abordar en clase la expansión israelí; y las sanciones impuestas a estudiantes de la Facultad de Arquitectura de la UBA por colgar una bandera de Palestina en el edificio.
En el plano económico, Mekorot, la empresa estatal de agua del Estado de Israel —denunciada por la ONU por prácticas de apartheid hídrico en Palestina—, hace años participa, desde las sombras, en el diseño y la gestión de planes hídricos en 12 de las 23 provincias argentinas. Además, se perfila como posible socia o compradora de AySA, la entidad pública encargada de proveer servicios de agua y cloacas en la capital y que el gobierno ha manifestado su intención de privatizar.

Celeste estuvo presa cinco días en Ketzio. Habla de la solidaridad entre las mujeres del pabellón, de las estrategias colectivas de cuidado que lograron sostener incluso desde los barcos. Compartió celda con otras compañeras que apenas conocía o que había visto una o dos veces durante el entrenamiento en Barcelona. "Pero sabés que la persona que tenés al lado está poniendo su vida por lo mismo que vos, por la misma causa (...) Ese acompañamiento fue fundamental. Terminamos conociéndonos muchas más, de distintas nacionalidades, y seguimos en contacto viendo cómo continúa la situación en cada país".
Según la diputada, los vínculos que construyó con sus compañeros y compañeras, la ayudaron a sobrellevar el encierro. También la sostuvo saber que afuera se gestaba una respuesta rápida y contundente por su liberación, la del resto de la flotilla y por el pueblo palestino.

En Barcelona hubo una concentración frente al consulado israelí, bloqueando la Ronda del Mig y exigiendo la liberación de los barcos. También se realizaron protestas en diversas ciudades de América Latina y Europa: en Roma, miles marcharon frente a la embajada israelí; en Nápoles se ocuparon estaciones de tren; en Milán y Turín hubo acciones en universidades. En Italia, el sindicato CGIL convocó a una huelga general. En Argentina, el MST y el FIT-U se movilizaron a Plaza de Mayo.
El 8 de octubre, cerca de las 9:00 p.m. (hora argentina), Celeste salía del hall del Aeropuerto de Ezeiza. Su pelo ondulado iba recogido en una trenza ya casi deshecha; no llevaba sus collares de mostacillas negras ni el dije con los colores arcoíris que solía usar. Solo un pequeño pin con la bandera palestina, lo único de color en su atuendo. En Ketzio, las autoridades israelíes le quitaron todo, hasta la kufiya.
"¡Cele, Cele, Cele corazón, ni fachos ni sionistas, viva la revolución!" y "Desde el río hasta el mar, Palestina vencerá", entonaban los presentes: familiares, amigos, compañeros de lucha y otras figuras del Frente de Izquierda Unidad. Hubo un despliegue militar que derivó en un forcejeo extremo a las puertas del aeropuerto, con fuerzas de la gendarmería aún presentes y vigilando. Emilia no se apartó de su madre en toda la noche, incluso cuando la gendarmería intentó alejarla. "¡Es su hija!", le gritaron.

Emilia se colgó del cuello de su madre; Cele la besó y se la llevó a cuestas. Alguien le colocó a la diputada una bandera palestina sobre los hombros. "Lo que vivimos nosotros va a ser la historia más importante de nuestras vidas por el objetivo que tenía —abrir ese corredor humanitario—, pero no se compara con lo que le hacen al pueblo palestino todos los días; eso es lo que nos mantenía fuertes, compañeros", dijo alto y claro aquella noche.
"Lo que vivimos nosotros va a ser la historia más importante de nuestras vidas por el objetivo que tenía —abrir ese corredor humanitario—, pero no se compara con lo que le hacen al pueblo palestino todos los días"
Ha pasado poco más de un mes desde su regreso a Buenos Aires. Desde entonces se decretó un alto el fuego que Israel ha violado en múltiples ocasiones. El estado sionista aún mantiene cerrados casi todos los pasos fronterizos y bloquea la llegada de ayuda humanitaria a Gaza.
La ayuda que cargaban las más de cuarenta embarcaciones de la flotilla no llegó a quienes debía alcanzar, pero Cele asegura que cada tripulante estuvo en el lugar correcto: la presión internacional obligó a gobiernos que durante dos años miraron para otro lado a poner el tema en la agenda. Ante la pregunta "¿Qué viene ahora? ¿Qué viene después?", responde la legisladora: "Organizarse". Ponerle cuerpo a las ideas: romper relaciones diplomáticas y comerciales; boicotear.
Le pedí un mensaje para el pueblo palestino. "Que no están solos —dijo—. Cada vez somos más quienes abrazamos la causa palestina, y vamos a dejar todo para que triunfe la Palestina libre, del río al mar".
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