"Prijedor, donde estamos ahora, fue el paradigma de la Yugoslavia socialista. Tras eso fue el paradigma del sufrimiento de los civiles no serbios, no sólo de Bosnia, sino de toda Yugoslavia". Prijedor, la ciudad de la que habla Sudbin Musić, se encuentra en República Srpska, una de las dos entidades en las que se divide Bosnia y Herzegovina. Una localidad al noroeste de Bosnia, a menos de 250 kilómetros de Sarajevo, y donde vive este bosniaco de mediana edad, quien a día de hoy media en encuentros de "jóvenes por la paz" y es el consultor del vice presidente de esta entidad. Su historia, como la de Prijedor, es la historia de Yugoslavia.
"Prijedor era la sexta comunidad local más grande de Bosnia y Herzegovina según el censo de 1991, con 112.500 habitantes. Era muy diversa étnicamente, con un 44 % de musulmanes bosnios, bosniacos, un 41 % de serbios ortodoxos, un 6 % de croatas, y además teníamos un gran número de diferentes grupos minoritarios, como gitanos, checos…". Musić es hijo de uno de los ahijados de Tito -durante Yugoslavia, en las familias yugoslavas numerosas, tradicional y simbólicamente, uno de cada nueve niños tomaba a Tito como padrino-, quien era un fiel defensor del titoísmo: "le gustaba la hermandad y la unidad, y la sociedad e ideas yugoslavas. Porque, seamos serios, estas son ideas hermosas, increíbles. Sí, Yugoslavia era un país increíble. Por eso su caída fue y es una tragedia", asegura Sudbin.
Esta realidad resuena en toda Bosnia, no por su crudeza, sino porque se hace similar en cada rincón del país: una familia bosniaca, defensora de la Yugoslavia de Tito que, en 1992, vio como su vida cambió. "Nunca olvidaré la última vez que mi profesora nos miró y nos dijo algo así como «nos vemos el próximo curso escolar, los que sobrevivan»".
Según narra el hombre, a partir de mayo de 1992 las tropas serbias sitiaron Prijedor y sus alrededores, y empezaron a capturar a bosniacos -bosnios musulmanes-; algunos eran llevados a los campos de trabajo forzosos que se construyeron a las afueras de la ciudad. Otros fueron directamente asesinados. "El centro de la ciudad ya estaba étnicamente "limpio" y tenías estos dos enclaves de mi zona, donde estuvimos durante los dos meses siguientes. De vez en cuando llegaba información sobre los campamentos, asesinatos, violaciones… todo tipo de horrores", sigue contando mientras nos señala desde el coche las zonas donde se refugió con su familia.
A partir de mayo de 1992, las tropas serbias sitiaron Prijedor y sus alrededores y empezaron a capturar a bosniacos -bosnios musulmanes-; algunos eran llevados a los campos de trabajo forzosos que se construyeron a las afueras de la ciudad. Otros fueron directamente asesinados
Un día, el 23 de julio de 1992, las tropas serbias le separaron de su madre y su hermana. Sudbin y su hermano pequeño fueron llevados al campo de Trnopolje, tiempo después también su madre y su hermana. Su padre fue asesinado; hallarían su cuerpo años después, cuando la familia decidió volver a Bosnia.

Trnopolje es, también, una de las imágenes más vistas del conflicto en Bosnia, gracias a los periodistas de la BBC a los que se les permitió entrar a grabar. La ironía de que este acceso, que pretendía callar las denuncias sobre las condiciones en los campos en Bosnia, fue lo que destaparía la realidad de estos centros. "Trnopolje era como un gueto. Un gueto rodeado de ametralladoras y lleno de gente, donde nadie intentaba siquiera salir porque fuera del campo cazaban a la gente y las mataban. Tenías más posibilidades de sobrevivir dentro que fuera".
Nos ha traído al campo, y nos cuenta lo que vivió con este a sus espaldas. "¿Sabes cuál es la paradoja? Estamos a 20 kilómetros de la frontera de la Unión Europea”, observa Sudbin. A las puertas del campo de Trnopolje, donde estamos, hay un monumento de agradecimiento a las tropas serbias: “¿podrías imaginar un monumento para los soldados alemanes caídos en Auschwitz?”, pregunta el bosniaco. Ante el silencio, se lamenta, “en realidad, es el monumento perfecto para [describir] la Europa actual”. Subdin se refiere a cómo esta agrupación de países, supuesto garante de la defensa al Derecho Internacional, ignoró durante años lo que vivió Bosnia. Así como ahora hace hoy con Palestina, a lo que Sudbin no duda en recalcar. “¿De qué estamos hablando hoy, treinta años después? ¿Dónde están todos esos valores [europeos]? Dios mío, soy europeo. Pertenezco a ustedes, chicos. Soy musulmán ¿y qué?”.
DESDE SREBRENICA: EL REFLEJO DE LA PASIVIDAD INTERNACIONAL
De esta pasividad fue víctima toda Bosnia. A 310 kilómetros, unas cinco horas en coche, está Srebrenica. Son pocos los que, a día de hoy, no sepan lo que ocurrió en este municipio bosniaco al Este del país. También fueron pocos los que no se veían venir lo que allí iba a pasar ese julio de 1995. La Unión Europea tenía avisos suficientes; es más, Srebrenica ya era, desde 1993, zona desmilitarizada donde un batallón de la UNPROFOR —unos 400 cascos azules parte de Naciones Unidas representados por el batallón holandés Dutchbat III— debían velar por tal alto el fuego.
Ćamil Duraković iba a escuela allí, debido a que esta era una supuesta zona segura. "Tenía dos opciones: una era rendirme aquí, en esta zona donde estaba el batallón holandés y estar con otros civiles, o tenía la otra opción de atravesar las montañas con hombres adultos y soldados para ir caminando a la zona segura de Tuzla. Me fui con mi tío y dos de sus hijos a través de las montañas a Tuzla", cuenta Ćamil, quien para ese momento tenía dieciséis años. A aquellos que huyeron se les conoce como "la columna de Tuzla": en los vídeos que aún se pueden visualizar en plataformas digitales se ve como los soldados serbios obligaban a los que decidieron quedarse con las tropas de la ONU a intentar hacer bajar a sus seres queridos. "Fueron seis días de viaje. Éramos 11.000 civiles caminando por las montañas y sólo unos pocos soldados nos protegían. Todos los días nos atacaba el ejército serbio, capturando a algunas personas, matando con emboscadas y granadas. El primer día de mi caminata ya perdí a mi tío y a sus dos hijos. Pero yo, resulta que sobreviví. No mucha gente de mi edad sobrevivió", sigue narrando.
Más protegidas debieron estar Fadila Efendić y su hija Nirha, que en ese momento tenía unos quince años: "fuimos a la base de la ONU, donde estaba el batallón holandés. Y entonces pensé que estaba salvada de los bombardeos Chetniks. No sé qué pasaba afuera y no nos permitían movernos", cuenta Fadila sobre aquellos días de julio de 1995, cuando las tropas serbias dirigidas por Ratko Mladic entraron en Srebrenica.
Madre e hija estuvieron tres días retenidas en los cuarteles del batallón holandés, que respondía la fábrica de baterías de Potočari, a menos de diez kilómetros de Srebrenica. Y su marido y padre, Hilmija Efendić, fue uno de los ocho mil bosniacos asesinados esos días. Ćamil estuvo caminado seis días hasta que consiguió llegar a Tuzla. Fue de los pocos que sobrevivió. "Para que te hagas una idea: en mi clase [del colegio] éramos 37, tan solo hemos sobrevivido tres”, cuenta.

8.372 bosniacos fueron asesinados en cuestión de días aquel julio de 1995, mientras Ratko Maldic les prometía que estaban a salvo, y mientras los cascos azules y el resto del mundo, se quedaron mirando. Desde 1992 fueron muchas las organizaciones y los informes que advertían lo que iba a pasar en Srebrenica, desde la falta de protección hasta la acumulación de armamento y tropas a las afueras de este enclave bosniaco ubicado en plena República Srpska.
8.372 bosniacos fueron asesinados en cuestión de días aquel julio de 1995, mientras Ratko Maldic les prometía que estaban a salvo, y mientras los cascos azules y el resto del mundo, se quedaron mirando
Dragana Vučetić es antropóloga forense y lleva desde el 1999 identificando los cuerpos, a día de hoy ya huesos, de las víctimas de Srebrenica. "Los casos de Srebrenica son muy complicados para las excavaciones y los exámenes. Sabemos que en al menos cinco grandes lugares de ejecución en Srebrenica, Bratunac, y Zvornik", empieza a explicar la experta, "los perpetradores enterraron a las víctimas en fosas primarias, pero después de unos meses, en septiembre y octubre de 1995, retiraron esos cuerpos a otros lugares y crearon muchos lugares secundarios y, a veces, terciarios".

Esta técnica era muy usada por las tropas serbias durante los conflictos que ocasionaron la desintegración de Yugoslavia. Las personas, ya ejecutadas, eran trasladadas de unas fosas a otras, a veces incluso llevadas a territorio serbio; lo que no solo complica su localización, si no que da constancia de que los crímenes cometidos respondían a un plan estructural. El Tribunal para la Ex Yugoslavia (ICTY) -tribunal ad hoc creado para juzgar los crímenes perpetrados durante las guerras que ocasionaron la desintegración de Yugoslavia- acertaba en que determinar el número exacto de cuerpos en cada una de las fosas comunes fue una tarea muy difícil, que se complicó por el hecho de que las fuerzas serbobosnias mutilaron y desmembraron para exhumarlos y volver a enterrarlos. Además, para encubrir sus crímenes iniciales de matar a civiles y prisioneros de guerra, las fuerzas serbobosnias cometieron otro crimen: intentaron reubicar los cuerpos. Utilizaron excavadoras y otra maquinaria pesada para exhumar varias fosas comunes y trasladar los cuerpos a otros lugares.
"Debido a los niveles de descomposición de los cuerpos no era normal que, cuando removían [un cuerpo] de una fosa primaria, llegase completo a la otra ubicación. A veces, simplemente, intentaban moverlo todo. Así que, depende de cada caso y la distancia entre una fosa primaria y secundaria -y a veces hasta terciaria-, que puede ser de 10, 20, incluso 100 kilómetros" explica Vučetić. "Querían esconder pruebas y nos hicieron un lio tan grande en el proceso de excavación que cuando excavamos esos casos tenemos un montón de partes de cuerpos, de elementos sueltos".
Dragana trabaja en el proyecto de identificación de Podrinje, parte forense de la Comisión Internacional sobre Personas Desaparecidas (ICMP, por sus siglas en inglés). Este empezó en el año 2000 y todos los cuerpos excavados anteriormente se trasladaron a estas instalaciones donde trabaja la antropóloga. Este espacio dispone de más de 200 metros cuadrados con el fin de que poder ubicar a las más de 8.000 víctimas de Srebrenica.
Como explica la mujer, las primeras identificaciones, a principios de los 2000, resultaban difíciles. "Hasta el año 2000 intentamos identificar basándonos en el método tradicional de identificación: las familias venían aquí y trataban de reconocer la ropa y efectos personales. Pero ese método no era muy preciso. Muchas familias reconocían la misma ropa". Hasta el 2002 tan solo pudieron identificar a 49 individuos. "Pero a finales de 2001 empezamos con las pruebas de ADN y eso fue realmente un hito en este proceso", asegura Vučetić.
Las pruebas de ADN se realizan a través de la toma muestras del material óseo, y muestras de referencia de sangre de las familias de los desaparecidos. "Hasta ahora, para Srebrenica, hemos recogido más de 20.000 muestras de sangre de referencia". Este método permitió acelerar los procesos de identificación y tan solo en 2002 consiguieron identificar alrededores de 500 víctimas. "Hasta ahora, tenemos alrededor de 7.000 perfiles de ADN de familias de las personas que murieron en Srebrenica".
Esta no es la primera entrevista que concede la antropóloga. Su cara se puede ver en la BBC, en France24 y una multitud de medios internacionales, y en casi todas las entrevistas que ha tenido que responder a la misma pregunta: "¿qué te dicen los tuyos cuando les hablas de tu trabajo?". Y es que Dragana es serbia, concretamente de Šabac. Y siempre responde lo mismo: "ellos [sus familiares] saben que estoy aquí; llevo trabajando para la ICMP unos 20 años, y si quieren saber, les cuento". En Serbia se sigue negando tal genocidio, es más el pasado año cuando la ONU designó el día 11 de julio como el Día Internacional de Reflexión y Conmemoración del Genocidio de Srebrenica, el Estado serbia no negó a aceptar tal decisión.
En Serbia se sigue negando el genocidio. El pasado año, cuando la ONU designó el día 11 de julio como el Día Internacional de Reflexión y Conmemoración del Genocidio de Srebrenica, el Estado serbia se negó a aceptarlo
No solo en Serbia, la misma República Srpska en Bosnia también se resiste a catalogar tal matanza como genocidio. Para ellos, fueron crímenes que respondieron a las matanzas orquestadas por Naser Orić de las que los serbios en Srebrenica fueron víctimas -se estima que un alrededor de 25.000 serbios perdieron la vida en la guerra de Bosnia-. Cuando conduces dirección Memorial de Srebrenica, los pueblos serbios que los rodean están llenos con las fotografías de tales víctimas.
"Murieron unas ocho mil personas en Srebrenica y ellos [los serbios] no tienen suficiente información. Yo no diría que niegan lo que pasó; diría que no saben lo que realmente ocurrió, porque en Serbia nadie lo cuenta; ni la televisión, ni las revistas", analiza la antropóloga.

Este año se han cumplido treinta años desde que este genocidio, considerado la mayor masacre en suelo europeo desde la Segunda guerra Mundial. En la conmemoración, celebrada en la misma fábrica de Potočari, donde el batallón Holandés no protegió a quienes allí se refugiaron y aún se pueden leer las pinturas racistas que estos cascos azules dedicaron a los bosniacos, se han enterrado a las seis personas identificadas este año: Fata Bektić, Senajid Avdić, Hasib Omerović, Hariz Mujić, Sejdalija Alić y Rifet Gabeljić. "Aún quedan unas mil personas por localizar", se lamenta Dragana Vučetić.
Camil Duraković se sube al escenario durante la conmemoración. Él es, a día de hoy, treinta años después de que huyese por las montañas y fuese uno de los pocos supervivientes de la masacre, vice presidente de la República Srpska. También se sube Fadila Efendić, ahora directora de las Madres de Srebrenica, organización de madres y esposas de las víctimas del genocidio y quienes consiguieron que La Haya condenara al batallón holandés por entregar 300 bosniacos que se refugiaban en la base de la ONU a las tropas de Mladic.
"Tengo que decir que la ONU, las Naciones Unidas, son responsables y culpables de que el batallón holandés no actuara, de que no nos protegiera. Porque, siendo realista, 50 hombres no pueden detener a 5000 agresores. Y si hubieran tenido la voluntad de protegernos, habrían enviado refuerzos a los soldados holandeses. ¿Pero qué clase de engaño, de hipocresía es esa? 'Vamos a protegerlos', y luego nos entregan al enemigo", denunciaba Fadila cuando hablamos.
Justo encima de ambos, mientras hablaban en el escenario dispuesta para el evento, hay una frase ya desgastada; apenas se distingue pero si te fijas aún se puede leer: "Tito m ti se kunem” (Te lo juro, Tito). Cuando nos alejábamos del campo de Trnopolje Sudbin dijo "dentro hay un grafiti: Viva el Mariscal Tito y la Yugoslavia de los años 60".
DESDE SARAJEVO: LA HISTORIA LA ESCRIBEN LOS NACIONALISMOS
Como bien escribe Jordi Cumplido en su libro 'El sueño de Yugoslavia': "En su edad dorada, Yugoslavia fue admirada en todo el mundo por la combinación del bienestar económico con la armónica convivencia de pueblos muy diversos en un crisol de culturas […] Parte fundamental de la arquitectura nacional yugoslava fue posible por la conservación y la protección de minorías culturales y espacios complejos y genuinos como bosnia y Herzegovina que Tito estableció como entidad innegociable y parte fundamental de la arquitectura nacional yugoslava, y que medio siglo después los nacionalismos radicales croata y serbio consideraron prescindible".
Parte fundamental de la arquitectura nacional yugoslava fue posible por la conservación y la protección de minorías culturales y espacios complejos y genuinos como bosnia y Herzegovina que Tito estableció como entidad innegociable y parte fundamental de la arquitectura nacional yugoslava, y que medio siglo después los nacionalismos radicales croata y serbio consideraron prescindible
En el museo de historia de Sarajevo, antes Museo de Tito, intentan, con los pocos medios que tienen, preservar tal historia, sobre todo, la herencia antifascista de la que la Yugoslavia de Tito fue referente. El museo, ubicado en el centro de Sarajevo justo al lado del bar de Tito, está cada vez más deteriorado consecuencia de la falta de financiación pero sigue dando la bienvenida a quien lo visita con la frase "Muerte el fascismo, libertad para el pueblo".

Elma Hašimbegović es hoy su directora: "Fue uno de los lugares culturales más visitados de Yugoslavia, ya que formaba parte de un amplio programa cultural centrado en presentar recuerdos sobre la Segunda Guerra Mundial, y además era una importante herramienta ideológica. Estaba concebido para educar a una nueva generación sobre la guerra. Pero, de repente, durante el asedio de Sarajevo y después de la firma del Acuerdo de Paz de Dayton, este museo, junto con otras siete instituciones culturales, quedó sin apoyo legal, sin un marco que garantizara un presupuesto adecuado ni estrategias para su funcionamiento".
Tras la firma de los Acuerdos de Dayton en 1995, que pusieron fin a la guerra de Bosnia y dividió el país en dos entidades autónomas —la Federación Bosnia y el República Srpska— más el distrito autónomo de Brčko, no estableció un sistema educativo unificado, sino que dejaba esta competencia en manos de las entidades y cantones —en el caso de la Federación, compuesta por 10 cantones dominados por las tres comunidades principales: bosniacos, serbios y croatas—. Esto creó 13 ministerios de educación diferentes para un país de apenas 3,5 millones de habitantes.
Y aunque organismos como la OSCE y la UNESCO intentaron promover una visión más integradora y menos sectaria, se toparon con la férrea resistencia de líderes nacionalistas, que convirtieron los planes educativos en un instrumento de reafirmación identitaria y de reescritura del pasado. "Con todo lo que ocurrió durante los años 90, muchas percepciones sobre la época socialista en general cambiaron por completo o, en mi opinión, fueron modificadas de forma forzada en la población. Esto se debió a que todas las estructuras políticas dirigentes de cada república ex-yugoslava realizaron un rápido giro en su narrativa respecto a los tiempos socialistas y, especialmente, sobre la lucha antifascista, llevando a cabo un amplio revisionismo histórico no basado en hechos, sino en relatos predominantes que convenían a esas estructuras políticas en ese momento", explica al directora del museo.
De esta manera, Bosnia vive con un modelo educativo conocido como two schools under one roof (dos escuelas bajo el mismo techo, en español) -donde alumnos de distintos grupos étnicos comparten edificio pero estudian por separado-, lo que ejemplifica cómo el aula se ha convertido en una trinchera ideológica: se promueven relatos históricos opuestos, se fragmenta la lengua común y se reinterpretan los años de la Yugoslavia de Tito, diluyendo su herencia antifascista y el relato de unidad multinacional que marcó la posguerra, en favor de versiones que refuerzan la memoria selectiva de cada nacionalismo.
"Después de los años 90, el cambio más evidente fue la limpieza del espacio público de todo aquello que tuviera alguna conexión con el socialismo, el Partido Comunista, Yugoslavia, Tito y demás […] Hay mucho pragmatismo en este revisionismo histórico, es decir, descartamos todo lo que no nos conviene, pero utilizamos algunos elementos clave que aún pueden resultar funcionales para esta nueva narrativa que queremos construir: la idea de haber sido liberados de las oscuras décadas del socialismo, de la dominación de una o dos etnias dentro de Yugoslavia durante 45 años, del falso "hermandad y unidad", y de moldear un nuevo relato que -como cualquiera que haya estado o viva aquí sabe- no funciona, no es viable y necesita un cambio", critica Hašimbegović.
DESDE LA BOSNIA DE DAYTON: LA CONSTITUCIONALIZACIÓN DE LA DISCRIMINACIÓN
Un relato que era sido potenciado por los Acuerdos de Dayton, esos que acabaron con el conflicto, pero sin preocuparse por proteger a las minorías o por dar a Bosnia un futuro donde el país pudiese avanzar. Dayton no fue más que "una paz a la americana" que ha consolidado las divisiones étnicas, los discursos nacionalistas, el paternalismo de la Comunidad internacional en Bosnia y la discriminación de las minorías. Organismos como Human Rights Watch y el International Crisis Group han señalado que el modelo de Dayton, lejos de ser la solución, se ha convertido en el principal obstáculo para el futuro político, social y económico de Bosnia, reforzando los nacionalismos haciendo prácticamente imposible la integración social. Como resultado, la reconciliación entre comunidades se ha vuelto casi imposible.
"Todavía, a día de hoy, hay muchísimas mujeres que no se atreven a hablar. ¿Cómo hacerlo, cuando sus mismos vecinos las van a juzgar? Hay realidades que siguen siendo tabú. Por ejemplo, estamos hablando de 20.000 mujeres que sobrevivieron a violaciones durante la guerra en Bosnia-Herzegovina. ¿Dónde están esas mujeres? Es necesario compartir su historia", lamenta Jadranka Miličević es la fundadora de la organización CURE, la primera organización feminista registrada tras el conflicto.
La impunidad de los criminales de guerra es, también, una de las principales criticas que recibe Dayton. En este sentido, figuras clave como Radovan Karadžić y Ratko Mladić permanecieron en control local pese a estar acusadas por la Corte Penal Internacional. E incluso siguen siendo héroes para sus comunidades.
Realidades paralelas que se han visto obligadas a convivir pero condenadas a no poder encontrar un punto, "mucha gente, bajo presión o durante la guerra, cuando no está segura de su identidad, cambia o se adapta. Y ahora existe una realidad que no es verdadera", se lamenta la activista. "Todos sabemos que Dayton es solo un papel que sirvió para detener la guerra. En este acuerdo de Dayton... no sé cómo decirlo... no se nos reconoció. Dayton fue firmado por bosnios, croatas y serbios. No me identifico con Dayton, y por eso me pregunto por qué no intentamos cambiarlo. Pero por ahora, aquí, Dayton sigue siendo útil solo para quienes quieren sacar algo de él. Para ellos, funciona. Pero para mí, no. Yo soy 'la otra', y no tengo ninguna posibilidad".
En Dayton se otorga una posición privilegiada a los tres mayores grupos étnicos del país: bosniacos (de religión musulmana), serbios ortodoxos y croatas católicos, a quienes se cataloga como "pueblos constituyentes". El resto, un total de hasta 17 minorías, están incluidas dentro de la categoría "Otros", y se ven privados de la posibilidad de ocupar diversos cargos políticos. De esta manera, y como denuncia la organización Human Rights Watch, unos 400.000 bosnios, es decir, el 12 % de la población, no pueden postularse para la presidencia o el Parlamento debido a su religión, etnia o lugar de residencia. La Constitución también prohíbe que las personas que no deseen declarar una identidad étnica se postulen para el cargo más alto.
En Dayton se otorga una posición privilegiada a los tres mayores grupos étnicos del país: bosniacos (de religión musulmana), serbios ortodoxos y croatas católicos, a quienes se cataloga como "pueblos constituyentes". El resto, un total de hasta 17 minorías, están incluidas dentro de la categoría "Otros", y se ven privados de la posibilidad de ocupar diversos cargos políticos
Las comunidades judía y romaní son parte de "Las Otras". Dervo Sejdić, portavoz de la comunidad romaní, denunció al Estado de Bosnia por trato discriminatorio: "Tras el acuerdo de Dayton, recibimos la Constitución. Y en esa Constitución se ve quiénes son las tres personas que la constituyen. ¿Cuál es la razón por la que ellos están constituidos y los romaníes no?". Debido a esto, Sejdić junto con Jakob Finci, líder de la comunidad judía en Sarajevo, decidieron llevar ante el Tribunal de Estrasburgo un recurso contra la Constitución bosnia y la ley electoral. Así, en junio de 2006, "preparamos los recursos y los enviamos al Tribunal de Derechos Humanos. En septiembre, el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo publicó que había recibido recursos contra la Constitución bosnia y la ley electoral por parte de hombres bosnios".
Cabe recordar que en 2005, el Consejo de Europa adoptó el Protocolo n.º 12 de la Convención Europea de Derechos Humanos, el cual fue aceptado por Bosnia y Herzegovina, por el cual se establece la prohibición de discriminación en el goce de cualquier derecho previsto por la ley.
La causa de ambos líderes se conoce como "Sejdić y Finci contra Bosnia y Herzegovina".: “El 22 de diciembre de 2009 el Tribunal de Derechos Humanos leyó la decisión: la Constitución es discriminatoria contra las personas que no se declaran como bosnios, croatas o serbios, y la ley electoral también debe armonizarse con el Convenio Europeo de Derechos Humanos".

Dieciséis años después de esa decisión, nada ha cambiado, y "Las Otras" siguen sin tener derechos políticos en Bosnia.
BOSNIA, 30 AÑOS DESPUÉS: LA TUMBA DE EUROPA
Hoy, treinta años después del fin de conflicto de Bosnia, las heridas siguen sin cicatrizar: miles de personas siguen perdidas en fosas comunes, muchos criminales de guerra siguen impunes, el país se ha visto condenado a estar dividido y sus comunidades a vivir (casi) enfrentadas. Fadila Efendić, lo tenía claro: "Yo culpo ahí a las Naciones Unidas, a Europa, al mundo. Culpo a todos. A todos los que puedo. Igual que lo que está pasando en Gaza. Ellos podrían detener las matanzas, pero no quieren. ¿Y qué? Nos miraban a nosotros igual que lo miran hoy a ellos". Jadranka Miličević tampoco es optimista: "En los últimos tres meses, he escuchado más gente hablando de la guerra de Bosnia otra vez, algo en lo que no creo que debamos volver a caer, aunque me preocupa el futuro porque aumentan las influencias externas desde Serbia, Croacia, Rusia, Estados Unidos y otros países. El nacionalismo crece en toda Europa, y el futuro se presenta muy difícil, sobre todo porque cada vez más jóvenes abandonan Bosnia y Herzegovina".
Con el conflicto unas dos millones de personas huyeron del país. De esos, se estima que alrededor de un millón regresaron. En este sentido, Bosnia ha perdido cerca del 20 % de su población desde el inicio del conflicto, pasando de 4,3 millones a unos 3,27 millones en 2025, con proyecciones que apuntan a solo 2,45 millones en 2050.
En Prijedor, Sudbin Musić habló de la diáspora y de cómo Bosnia está cada vez más vacía: "Soy de Charkovo. Según el censo de 1991, teníamos 2.417 habitantes. En 2006, con todos los que habíamos decidido regresar quedábamos 468. Ahora tenemos menos de 200. Así que estamos desapareciendo. Y vamos a desaparecer". Todas las casas a las afueras de esa ciudad estaban renovadas pero vacías y, ahora que es verano, la mayoría de los coches que por allí se veían tenían matrículas extranjeras.
Nos despedimos de Prijedor, de la que el paradigma de la Yugoslavia socialista, pero que después se convirtió en el paradigma del sufrimiento de los civiles no serbios, y que ahora se convierte en el paradigma del proceso de retorno. Mientras nos alejamos Sudbin Musić, ese hijo del ahijado de Tito, concluye: "Bosnia se ha convertido en la mayor tumba de Europa. Estamos desapareciendo. Y se están perdiendo los últimos vestigios de todo lo que entendemos como la democracia europea, los derechos humanos y de esa Europa con la que todos soñábamos entonces".
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